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15 de julio de 2013

Las biografías de las cosas

Una esquina de la Calle Real a plena luz de un mediodía de Julio. Las casas antiguas tienen para mi algo especial. Pienso en todo lo que allí ha sucedido, todos los que por allí pasaron... Bueno o malo, todo lo que se ha quedado entre esas paredes que parece que por momentos casi logran contar. Una lástima porque algunas tendrían mucho, pero que mucho, mucho que contar. Ahora que el alquiler es cada vez más usual, las fotos y las redes sociales harán el resto... ¿Te imaginas encontrarte dentro de algún tiempo, por casualidad, una foto de personas desconocidas en la que durante algún tiempo fue "tu" casa? Sucederá, sucederá.  
Las llaves que abren mi casa, algún día abrieron la misma casa, pero una casa distinta a la vez. Abrieron la casa de otras personas, que no estaba como lo está ahora, que no olía como huele ahora. Era la misma puerta de la misma casa, pero un hogar distinto con una historia diferente. Y algún día, esa llave abrirá la misma puerta de esta misma casa, que ya no será "mía" sino de otra persona. Y que ya no será (exactamente) esta casa, sino otra a pesar de ser la misma. 

Es así como las personas somos las que realmente damos vida a lo inerte. Somos nosotros con todos los matices de nuestra historia los que creamos la biografía de las cosas. Por más que lo fantaseemos una casa, un paragüero, un mantel o una lámpara no tienen vida. Sin embargo, nos empeñamos en ver más de lo que se ve, quizás porque queremos emular a las personas en las cosas. Por ejemplo, este mantel ha sido confeccionado con mucho amor por mamá; propio para un picnic ahora que estamos en pleno verano. Quiero usarlo, disfrutarlo, llevarlo a muchos lugares diferentes, que se ensucie, lavarlo, volver a utilizarlo... Quiero que pasen los años y seguir usándolo, verlo viejecito y desgastado. Ver cómo los años, las conversaciones y las risas en las comidas han pasado también por el. Y pensar que el también tendría mucho que contar. 
Cuando era pequeña, durante mis primeros años, siempre llevaba un lazo a un lado de la cabeza, agarrando un poco de pelo. Tenía una caja con un montón de lazos, que variaban según el día. El otro día encontré este lazo, era uno de mis favoritos. El también tiene mucha historia. Y esta es una vela aromática con notas florales, cítricas y un toquecito de vainilla; es un regalo de una persona que recuerdo en mi vida desde la infancia. Casualmente, la vela es para niños, pero ¿quién dice que a los adultos no nos puedan gustar las cosas que supuestamente son para niños? Un vela que habla de infancia en general y, a mi, de la mía en particular. Tenía que estar el lazo de la mía sí o sí. La historia continúa. 

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