Hoy me he acordado de ti. Una palabra me trajo a ti. Y pensé, ingenuamente, en volver a encontrarte. No es que no te tenga presente, al contrario, te tengo a diario, lo justo para que no me hagan daño mis recuerdos contigo. A veces, los recuerdos son más dolorosos de lo que podemos pensar. El caso es que estás presente aquí conmigo. Y me decepciono pensando que ese reencuentro sólo podrá tener lugar en la imaginación. Una lástima. Un abrazo de esos tuyos no tendría precio en un día de estos cualquiera, como un regalo de cumpleaños que llega tarde y por sorpresa. Qué desencanto adquiere la situación sabiendo que todo se queda a años luz de la realidad. La ilusión llora desilusionada.
Sufrimos desengaños nuestros y desengaños cercanos. Unos construídos por nosotros mismos sin ningún pilar externo y, otros que dejamos construír a vendedores de humo. Perdemos la esperanza en algo y saltamos del error, a veces rezagados por no querer encontrarnos cara a cara con el desengaño, un señor mal encarado que nos espera con ganas de aclaración. Le presentamos el chasco a la frustración. Decepcionados con la cara sin gesto. Lo bueno del desengaño es que ya hemos salido del error, sólo queda un camino: construír. Y nos disponemos a llevarnos bien con ese señor llamado desengaño para poder construír ahora algo desde nuestra propia confianza, acabada de despertar y con cara recién lavada.
Tres palabras dejadas por tres bloggers que he querido recoger en un mismo post: Decepción, la deja MDA. Desencanto, dejada por Rose. Desengaño, por ST. Dejáis a esto lejos de la decepción cada vez que os encuentro ahí detrás. Lejos del desencanto con vuestros comentarios. Lejos del desengaño... estáis vosotros.