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9 de noviembre de 2011

Los bloggers tienen la palabra: DINERO






Estaba buscando la palabra de hoy y tras una charla de tarde se me ocurrió que la palabra DINERO tenía hoy aquí un hueco. Todos sabemos lo que es el dinero, lo que no tenemos tan claro es el valor que tiene. ¿Por qué, a veces, todo se reduce a dinero? Algo necesario para sobrevivir en esta sociedad, que se extiende a todos los ámbitos, y llega el día en el que todo tiene un precio. Hoy y aquí, ¿cuánto cuesta este sofá? Alguien me hablaba sobre lo que yo llamo "tráfico de hijos". Mi hija cuesta 450 euros. La mía 425 euros, ¿por qué será? si es monísima y listísima. Mi hijo cuesta 280 euros, no hay derecho. ¿Cuánto cuesta el tuyo? Pues los míos, el mayor 275 euros y la pequeña 350 euros, y a parte 45 euros más cada uno, por su seguro médico privado, y 65 euros cada uno por sus clases de inglés en academia con nativos. ¿Cuánto cuesta la tuya? Parece que ahora volvemos a echar por tierra toda la evolución de esta sociedad en muchos ámbitos, uno de ellos es que los hijos sean moneda de cambio. Todos somos hijos, no importa si nuestros padres están muertos o vivos, no importa si cerca o lejos, no importa si buenos o malos. Quizás no lleguemos a ser padres o madres, pero todos somos hijos, ¿Nos gustaría que nos pusiesen precio? Siempre he creído en la igualdad entre sexos, en el equilibrio entre derechos y deberes de hombres y mujeres. Con dinero de por medio la igualdad se vislumbra lejana. Los derechos y deberes de unos y otros ya no están tan definidos. El dinero, a veces, nos hace olvidar quién somos. Yo quiero un mundo igual, para ti y para mi, en el que los dos tengamos la misma pista para correr y el mismo tiempo para llegar a la meta; un mundo en el que las reglas sean las mismas para él y para ella. No quiero leyes, yo quiero justicia justa. Todos responsables de los actos cometidos, de las derrotas apagadas y de las batallas ganadas. Yo lo que quiero son sentimientos de los de verdad, de esos en los que darías hasta lo que más aprecias por los que quieres de verdad. ¿Y cómo podemos ponerle precio a todo eso? Cuando el dinero se enreda de por medio todo se vuelve quimera. Algo tan sucio como el dinero, pasado de mano en mano perdiendo su valor. La política se vuelve dinero, los trabajos dejan de ser vocación para ser dinero, la privacidad tiene precio, algunas relaciones nacen del dinero, las familias se rompen por dinero... Yo lo que quiero... Yo lo que quiero por encima de todo son personas. Sencillas como las nubes, despeinadas como el pueblo y canallas como la tormentas. Auténticas como pocas.
La palabra la deja Dani. Hay personas que adquieren un valor especial, y es que a pesar de todo nunca lograré ponerte precio. Se buscan más palabras, de las vuestras, de las que no tienen precio.

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