una versión de la canción "Vasos Vacíos"
Desde pequeños nos enseñan a caminar, a no tambalearnos, a caminar más rápido, a correr... y a huir. Sin saberlo nos van dejando las huellas para ver cómo se hace eso que se llama huida. Escapamos de aquello que nos hizo sentir mal, de lo que nos inyecta miedo, de los enemigos, de las molestias mientras descansamos, de los panfletos propagandísticos que el repartidor quiere darnos en la esquina de siempre, de las colas eternas, de las llamadas que no cuentan nada. Pero también huimos de lo que amamos, por raro que parezca, existen las huidas por miedo a encontrar nuestras debilidades esperando en el sofá, aún sabiendo lo que perdemos. A veces huimos sin más, de lo bueno, de lo malo, simplemente dan las tres y echamos a correr cara a un bus que no tiene prisa, como tampoco la tenemos nosotros, para llegar a casa y continuar la huida en nuestra propia jaula. Qué agonizantes las huidas con la propia sombra a cuestas. Lo peor de las huidas es que, en el empeño de huir olvidamos a donde vamos y entonces terminamos en ninguna parte.
Huyo hablar de la palabra huir, y huyendo empiezo a escribir sobre otra palabra, luego escapo a otra y, termino nuevamente en huir. Al final, hay ciertas cosas de las que no podemos huir, por destino o por casualidad, terminan huyendo abrazadas a nosotros. Idriel Nandri deja la palabra, así que hoy en el sofá buscaremos las huidas pasadas, las presentes y esas huidas que tememos que no tardarán, quizás porque ya hemos empezado la marcha aunque no pueda verse el movimiento.
Desde pequeños nos enseñan a caminar, a no tambalearnos, a caminar más rápido, a correr... y a huir. Sin saberlo nos van dejando las huellas para ver cómo se hace eso que se llama huida. Escapamos de aquello que nos hizo sentir mal, de lo que nos inyecta miedo, de los enemigos, de las molestias mientras descansamos, de los panfletos propagandísticos que el repartidor quiere darnos en la esquina de siempre, de las colas eternas, de las llamadas que no cuentan nada. Pero también huimos de lo que amamos, por raro que parezca, existen las huidas por miedo a encontrar nuestras debilidades esperando en el sofá, aún sabiendo lo que perdemos. A veces huimos sin más, de lo bueno, de lo malo, simplemente dan las tres y echamos a correr cara a un bus que no tiene prisa, como tampoco la tenemos nosotros, para llegar a casa y continuar la huida en nuestra propia jaula. Qué agonizantes las huidas con la propia sombra a cuestas. Lo peor de las huidas es que, en el empeño de huir olvidamos a donde vamos y entonces terminamos en ninguna parte.
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Seguimos buscando palabras. Para que no exista ningún martes sin palabra. Gracias
