Ella asistía a un acto político, ejercía su libertad de expresión. Ellos insultaban, escupían, pensando en lanzarles huevos. Me lo contaba a posteriori, bastante irritada, pidiendo respeto. Y yo pregunté: "¿Y por qué no los has sacado a bailar?" Algunas acciones no deben de ser alimentadas. El desconcierto frenando el momento. Ella deja la palabra y, con todo se me ocurrió este post. Hoy y aquí, respeto en el sofá.
La palabra entraña demasiado, sobretodo de lo aprendido. Y, evidentemente, en mi concepto de respeto también hay mucho de lo aprendido. Me enseñaron que el respeto debe de ser algo dado, no sólo recibido. Por paradójico que suene, la mejor forma de recibirlo es dándolo. Una cosa es entender, comprender o incluso compartir pensamientos y, otra muy distinta es respetarlos. Y esto lo engloba todo. No es necesario entender, comprender ni compartir, pero es imprescindible respetar. No concibo el respeto como sumisión, ni como acatamiento, ahí entramos en el peligroso mundo del miedo, y respeto no es miedo. Lo veo como algo sencillo y tremendamente sútil, pero a la vez, sólido por encima de todo. El respeto no puede ser apariencia, tiene que ser base. Unos lo identifican con el temor dictatorial. El padre me decía: "Tienes la total libertad para darle una bofetada si tienes que darsela, pero que te respete" Mi cara y el silencio devolvieron la bofetada en él. Relacionarme entre el temor y la imposición no se ha hecho para mí. Me gusta así, hay respeto en mis cosquillas, respeto cuando busca asustarme tras la puerta, respeto en sus travesuras innatas, respeto con lacasitos que ponen fin a nuestros encuentros. Hay respeto cuando hay admiración. Amor en cierto modo. Lo cierto es que no existe amor sin respeto. Parece que lo ocupa todo, imprescindible su presencia a nuestro alrededor. El respeto contigo, con él, conmigo... con todos. El respeto con los niños, con el medioambiente muerto de sed, con los animales que disfrazan de regalo. Respeto a los edificios de al lado que no quieren ver obra de arte moderno desde sus galerías. Respeto en la publicidad, en la tele (¿puede haber respeto?), en la presa ficticia. Respeto a las lenguas, a las culturas, a las ideologías, personas al fin y al cabo. Respeto me huele sobre todo a tolerancia. Todo respeto empieza por el respeto a uno mismo.
ST deja la palabra. Siempre me encontrarás desde el respeto, y a mi me encanta tu respeto cargado de afecto. Se buscan palabras...