Cuántas veces desearíamos que por un momento el mundo se parase, o al menos lo pareciese, y el silencio nos inundase dándonos un abrazo de paz. Otros momentos deseamos que todo siga girando, quedarnos dentro de esa espiral que gira con brío pero que por nada del mundo aparezca ese silencio que nos invita a vernos frente al espejo y, a contarnos todo lo que teníamos pendiente. Un puñal de doble filo que nos defiende o nos daña. Y es que a veces el silencio es la explosión más fuerte de los sonidos. No añadiré más, que un buen silencio ponga la banda sonora a este momento...
Perdonad por el retraso en la publicación, he tenido unos días en los que hubiese necesitado cinco horas más para poder hacer todo lo pendiente. La palabra por Clarice Baricco, desde un blog que predica que las palabras son sus ojos, muchas gracias.