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1 de diciembre de 2015

Noviembre se va. Adviento llega.

Este otoño que quería ser verano se prolongó más de lo esperado. Lo de volver de la playa en pleno Noviembre y tener de forma simultánea pies descalzos, vestido playero, olor a aftersun, velas rojas, acevo y cascabeles por la casa adelante… Esto ha sido sentirse en el hemisferio sur estando en el norte. Que sí, que saldrá cualquier andaluz y dirá que eso son sus noviembres de cada año, pero claro, para mi esto ha sido un nunca visto. Y lo que me gustan a mis las novedades, qué? A Noviembre siempre lo han tachado como el mes más negro del año, y no sólo porque es en el que más horas de oscuridad tenemos, sino también que por estadística era el mes en el que se sucedían los mayores repuntes de depresión y suicidios. Basta, Noviembre se merece sacarse esa mala fama. Yo le tengo cariño, a ese primer frío en la cara, a esas noches que llegan temprano, a la lluvia  ahí fuera cuando estoy en la cama. 
Y así de repente, ha llegado el frío y arranca el adviento. Esto quiere decir que en tres semanas y media será Navidad, que en treinta y dos días terminará el año, y tocará abrir esa lista de propósitos que elaboré con todas las buenas intenciones hace once meses. A ver, no desesperemos, tenemos tiempo. Estaremos más atareados que los tres Reyes Magos juntos pero tenemos tiempo. Además, ún pueden visitarnos muchas sorpresas, no olvidemos que esto es la vida misma. Y la vida en Diciembre tiene aún más sorpresas si cabe. Este 2015 ha sido raro, ha sido el fiel reflejo de este noviembre con playa, velas rojas y acebo. Inusual y extraño. Singular en si mismo. Pero este año me apetece Navidad, ganas de un Diciembre que se presta a celebrar más todavía. Yo que durante unos años tuve una contienda con la Navidad, como si todo fuese tan fácil como para que ella acaparase todas las culpas. No podía ser tan simple, nada es tan simple ni pareciéndolo. Y tras el análisis sale lo escondido y entonces uno entiende, acepta, respira. Continúa mejorado. Hace unos años me reconcilié con la Navidad y entonces quise unas navidades como esas pero que durasen todo el año. De eso hace ya unos años y cada año me gustan más, no sé si más pero las vivo mejor. Llegan y hay que vivirlas como se vive un verano o como se vive un día de tormenta. Uno no puede negarse a la realidad, porque esta sigue sucediendo y hay que vivirla en cada suspiro. La realidad está para existirla con todo nuestro ser. Os lo digo yo, que tanta batalla con la Navidad y de repente, viene la vida y me coloca al lado a alguien con quién compartir vida, amor, tiempo  y pensamientos que por casualidad (¿causalidad?) ha nacido el día de Navidad. Esto podríamos llamarle bofetada de realidad. Ya lo decía Jung: "a lo que te resistes, persiste. Lo que aceptas, te transforma". Pues eso, no se resistan a tener un feliz adviento. No se nieguen una navidad mejorada. 
¿Ganas de Navidad? ¿Preparados para abrir la lista de propósitos 2015 y chequearla? ¿Algo a lo que os hayáis resistido y de repente os transformó?

29 de septiembre de 2013

Todo lo que nos queda...

Decía que era uno de los deseos-proyectos de este 2013. Prometí que venía con todas las ganas y le mire a los ojos para decirle que él y yo estábamos aquí para ser mucho más que dos. Septiembre y yo teníamos pendiente una reconciliación, y en su último día tengo que decir que lo hemos conseguido. 
Me despedí del verano en el que sería el último día de playa en versión verano. Adiós al sol en la piel, a las arenas en el coche, al olor a protección solar, al matrimonio gorro de paja y libro, a los pies en la arena... Pero no hay adiós a la playa porque ésta nunca tiene "último día".
Celebramos cumpleaños y más cumpleaños. Me convertí en repostera en varios momentos para crear tartas llenas de buenos deseos para mis mejores invitados. Se lo tenían merecido. ¡¡Muuuchas felicidades!!
Tiempo de uvas recién cortadas y de agendas personalizadas para comenzar nuevo curso, sea o no escolar, lleno de color. 
Me pinté los labios con un nuevo rojo y cogí lápiz para marcar el catálogo Ikea para 2014. Mi hábitat y yo decidimos pequeños cambios para un nuevo look. Muchos pequeños cambios en movimiento hacen los grandes cambios.
Viejos jerseys encontrados en el armario que me evocan, de repente, los recuerdos de un viaje a Estocolmo en un otoño de hace unos años. Me recuerda también las muchas ganas que tengo de volver a esa ciudad. Hay nuevas plantas en el salón para celebrar este otoño recién estrenado que me está gustando mucho, mucho. Una antesala así me deja con calma e ilusión a partes iguales preparada para la aventura que traerá Octubre. Un brindis por los Septiembres bonitos. 
Feliz semana!

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