Hay días en que las cosas deciden torcerse, incluso retorcerse. Generalmente todo sigue su camino, está la rutina diaria, semanal o mensual, a modo estructural. Y siempre expuestos a las sorpresas, positivas o negativas. Aparecen y, dependiendo del azar, o de lo que unos llaman suerte, otros estadística y algunos incluso merecimiento, toman una forma o la contraria. A veces ninguna de las dos. El caso es que, tras situaciones negativas y en fila india la preocupación se dispara. Quedamos marcados de alguna forma. Mientras todo sigue su curso, a veces nos sorprendemos, el inconsciente latente y secreto, se revela. No podemos huír de nuestro pasado y siempre construímos sobre él, metafórica y literalmente, ya sea en Roma, mientras desayunamos o en nuestra vida emocional.
Cuando no es posible superar ni dejar atrás algo que nos aflige todo se para. Podemos ser conscientes de ello o no, pero la historia sólo puede continuar cuando hayamos colocado y, por tanto aceptado todo aquello. Hay veces que nos vemos obligados a construir sobre las ruinas del pasado, sin ajustar cuentas, sin amnistías, con el rencor sepultado bajo el maquillaje y el asfalto, o arrollado en cualquier cuneta; rencor que algún día se volverá contra nosotros, si no lo ha hecho ya. Ríos y ríos de lágrimas surcarán las mejillas, visualiando lejos un hipotético reencuentro al volver a casa. Tal vez el tiempo tiene la clave para que se enfríen los ánimos y se congele la animadversión. Hay días en los que piensas: “la infelicidad debe ser algo parecido a esto”, y esa largamente esperada vuelta casa, siempre con las llaves en la mano, se hace agitada y nostálgica a la vez, pues ya no queda nada en pie de lo que pensábamos poseer. Este mundo enfermo jadea ahí fuera mientras nosotros lo escuchamos encerrados en cuartos blindados; respirar es un milagro y la culpa, injusta o no, va atravesándonos y colonizando poco a poco todo nuestro cuerpo. En momentos así, no parece servir para nada lo que haces,lo que piensas, lo que dices… Pero sirve y sigue siendo necesario.