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2 de enero de 2016

Nuevo deseo: 2016.

Ahora sí que sí, 2015 se acabó. ¿A dónde irá? No lo sabemos, para unos se quedará en la memoria, para otros se irá al olvido. Para mi no ha sido ni buenísimo ni malísimo, ha sido raro, en cierto modo estático; como que no terminaba de tomar velocidad. Con una sensación de estar desincronizada con el tiempo actual. Ha sido raro y no lo considero clave, quizás no ha llegado el momento en el que considerarlo clave y poner todo lo aprendido en práctica. Eso ahí se queda, como un poso. Veremos cuando brotará para salvarnos. Porque nada de lo vivido debe ser en vano. 
Pero para el mundo 2015 ha dado para mucho... Un etarra que empieza de cero tras veinticinco asesinatos montando su propia licorería (¿se puede empezar de cero tras todo eso?). En busca y captura y lo encuentra un periodista, ¿de verdad quieren encontrarlo?. La Fifa inundada de pagos ilegales y apropiación indebida de fondos (a mi particularmente me fascinó aquello de que uno de los miembros implicados le había alquilado un loft en pleno Manhattan a sus dos gatos con el fin de aumentar exponencialmente su calidad de vida… Una pregunta ¿nos hemos vuelto todos locos, verdad?). Sirios que no aguantan más y escapan del horror, no saben a dónde van, ni cómo será aquello, ni qué harán allá… Sólo saben que allí, en dónde están, ya no pueden continuar. Ahí no hay vida. La política ha sido de mareas que quisieron limpiar playas varadas, y me dejan con la idea de que hay que seguir trabajando y mejorando (no nos conformemos, lo están haciendo mejor pero a ver, francamente el listón era fácilmente superable. Se puede y se tiene que hacer mejor). Cataluña y su diada, y mientras a Rajoy le ha caído una bofetada (además de la física también ha venido una bofetada de realidad. Señores, en democracia las cosas así no. Urnas, diríjanse ahí). Y más bombardeos, y más guerras, Rusia, Ucrania, Túnez, Siria, Irak, París… Da igual el lugar, el mundo está en guerra. Todos fuimos Charlie y meses más tarde todos rezamos por París (¿hasta cuando?) Y mientras unos refugiados no pueden entrar, unos países los rechazan y unos helicópteros les lanzan comida, tenemos a un Luis Bárcenas "siendo fuerte" para reunir su fianza de 200 mil euros y poder salir de prisión por los delitos en los que está imputado. Maduro no es querido por Venezuela, hasta el pajarito que Chávez envió vuela libre fuera de la jaula. Estuvimos a 12500 kilómetros de Plutón, al parecer nunca se ha estado tan cerca (lo sé, tenéis a algunos en mente que los enviaríais allí pero… Plutón no se merece eso). Un terremoto sacude Nepal llevándose diez mil vidas y varios edificios patrimonio de la humanidad. El Papa llega a la Casa Blanca con una misión de paz mientras negros siguen muriendo en EEUU víctimas de la violencia policial, que continúa siendo impugne. "Se busca presidente" fue el cartel colgado en Grecia, y de nuevo el pueblo pagando las decisiones, mala gestión y delitos de los políticos (ya basta, no?!). Y así tendríamos para rato, la verdad es que las malas noticias en el resumen del año superan a las buenas (cuestión de estadística) pero vamos a quedarnos con las buenas (cuestión de supervivencia) porque sólo de lo bueno puede salir algo bueno. 
Hemos quemando lo malo para dejar hueco y que llegue lo nuevo; abierto las ventanas para que la energía fluya; encendido todas las luces y velas que teníamos a nuestro alcance para que brillase aún más nuestra propia luz. Hemos brindado y requetebrindado a ritmo de música y confeti volando (que nunca falten estos momentos porque la energía es brutal). Tenemos deseos por cumplir, buena energía, ganas de seguir celebrando la vida y muchas ganas de un 2016 feliz, extravagante y bonito. Justo así, feliz, fuera de lo común, lejos de lo esperado, sorpresón en estado puro y original hasta el final. Y bonito, muy bonito. Pues eso, brindemos por un extravagante 2016. 



¿Qué tal ha sido para ti este 2015? ¿Con qué te quedas del último año? ¿Tus deseos prioritarios para este 2016?
(contadnos, que un sofá para hablar en silencio es muy feo ;)

23 de septiembre de 2015

El verano del amor

Más de un mes y medio sin aparecer por este sofá para hablar, esto estaba siendo demasiado... Menos mal que Agosto en lo que se refiere a rezagarse y posponer, este mes puede con todas las excusas. Mi verano ha traído de todo un poco: playas enormes en las que se confunde cielo y mar; bodas amigas; siestas sobre arena o sobre césped pero siempre bajo el sol;  noches de verano recreándome en ellas porque siempre creeré que son de las mejores cosas que uno vivirá. Me fui de festival a ver a algunos de mis favoritos porque la música cura y lo sabemos; hubo libros, que nunca falten los libros, y regalos bonitos y olorosos, regalos porque sí. Observé durante muchos días cómo se iba el sol, ese momento en el que la luz es mágica. Y hubo brindis con los que más quiero para conmemorar algo tan natural y a la vez tan excelente como que estamos aquí, más vivos que nunca y celebrando la vida un verano más. 

Y para terminar el verano asistí a otra boda. Boda puede evocar tantas cosas y tan diferentes... Vestido blanco, iglesia, arroz, juzgado, arras, brindis, alianzas, noche de bodas, flores, luna de miel… Esta, por encima de todo, era una celebración; una fiesta para celebrar que se quieren junto a los que más quieren. Y así fue. En su casa, como se acoge a los íntimos, dejándoles entrar hasta la cocina. Un día de esos últimos del verano, como colofón a la estación de la luz. Y con acceso restringido: para ser invitado había que recibir una invitación personalizada y creada por los novios. Nadie sobraba en aquella mesa puesta con todo el mimo del mundo. Todos habíamos llegado hasta allí igual que nos habían invitado: de corazón. Y en eso no hacen falta marcas ni señales, se percibe desde lejos. Esto era el amor en escena, tan difícil y tan dócil a la vez. Animal y voraz como es el amor. Devastador y constructivo. Y aquí, el amor iba en todas direcciones, era recíproco. Ellos lo tenían claro hace casi quince años, y todos los que ya estaban junto a ellos así como los que hemos ido apareciendo, también lo tenemos: no hay otra opción más que la unión de estos dos sujetos que juntos se hacen enormes. No habría otra forma posible más que acabar así: juntos. Y el atuendo, la decoración, la comida, la música, las flores… todo parecía accesorio ante las sonrisas: las suyas y las nuestras por verlos así. Que te hagan partícipe de un momento así te hace sentirte orgulloso y alegre, pero sobretodo afortunado: el amor sincero y palpable en estos tiempos es lujo. Es tremendo ver el amor de cerca. Provoca esa inspiración profunda con la boca abierta y ascendiendo el pecho, como guardando todo el aire posible, mientras te empujan todas las ganas de echar a correr y contárselo a todo el mundo: ¡¡lo he visto!! ¡¡lo heeee viiiisto!! ¡¡He visto el amor de cerca!! Pues ha sido así. He visto el amor de cerca y es brutal.

 ¿Qué tal ha sido vuestro verano?¿algo destacable que compartir? seguro que sí… y mucho. 




4 de mayo de 2015

Un Abril y algo más

Más de un mes que no me siento en este sofá para hablar. Un mes que se ha pasado volando, como vuela el tiempo cuando estamos en paz. Y aquí unos pedacitos de lo que ha sido... 

Este Abril ha traído un viaje a Portugal, llegando hasta Lisboa para dejarnos perder por sus calles llenas de encanto. Siempre nos lo pasamos tan bien en esta ciudad... Acogedora, decadente, llena de miradores que invitan a parar, en continua renovación sin olvidar sus orígenes. Aquí os dejo dos fotos, una de una de sus librerías más increíbles y la otra de un rincón en un café con una frase llena de verdad. Y es que en un segundo pueden pasar tantas cosas...
Abril ha traído momentos de relax, mediodías en el jardín bajo el sol. Siesta y libro. Dejándome ir con la tarde de la mano. Y limonada con hierbabuena hecha con mucho amor. Definitivamente es primavera, los días se estiran, el sol se asoma y nos guiña un ojo. 
Hubo también comidas caseras preparadas con ilusión por un foodie y una ayudante, para ser compartidas con personas bonitas. Y se prolongaban en la tarde y en la noche, con sobremesas que se alargan sin apariencias, sin máscaras; con esa buena energía que surge de forma natural cuando unos cuantos corazones están a gusto latiendo juntos. Entusiasta de momentos como estos, pero sobretodo muy fan de personas que nos hacen la vida más espléndida todavía.

En Abril hemos volado. Cuerpo y mente se ha ido elevando y nos hemos dejado llevar. Frida Khalo lo expuso muy claro: "Pies, ¿para qué os quiero si tengo alas para volar?" Podemos volar, de veras, sólo hay que dejarse llevar perdiendo la noción del tiempo y el espacio, sintiéndose liviano y teniendo como motivo único vivir con todos los sentidos ese momento; sabiendo que lo que está ocurriendo ahora mismo es algo único y de nosotros depende hacerlo propio y especial. Compartiendo un momento con alguien a quién quieres o haciendo algo con lo que verdaderamente disfrutas; cada uno de nosotros a nuestra forma, pero todos sabemos que hubo momentos en los que pudimos volar. 

Hubo celebración del día del libro, y uno de los que me he traído a casa comenzaba así. Creo firmemente en esta filosofía, en la idea de que siempre hay que arriesgar. Siempre. Creo que me arriesgo porque luego no soportaría la idea de pensar "qué hubiese pasado si...". De cualquier modo, es bueno, necesario y vital arriesgar para continuar mejorados. Cuando pasan los años uno está más arrepentido de lo que no ha hecho, de lo que no ha intentado, que de lo que ha hecho aunque no haya salido bien, aún habiendo perdido. Hay miles de motivos por los que hay que arriesgar.


Y para comenzar Mayo un concierto de Quique González en un teatro. Intimo, cercano y acogedor. Una gira en la que sale solo con sus guitarras y un piano, y sin repertorio planeado. Según va surgiendo y según el público va pidiendo, así va tocando. Todos estábamos totalmente entregados al momento. Increíble. "Tiembla, como si fuera la primera vez..." Porque a pesar de todos los conciertos vividos, verle en directo sigue siendo igual de emocionante. Muy grande!


Parte de mi Abril y un poco más se ha quedado desplegado por aquí, puedes llevarte el pedazo que más te guste. Y tus primeros días de primavera, ¿cómo han sido?

3 de enero de 2015

Los buenos momentos

Este último trimestre del 2014 no he podido pasarme todo lo que me hubiese gustado por este sofá para hablar. Las tareas pendientes se desparramaban por la agenda día tras día.  Mientras tanto, tuve que encontrar la forma de tener un momento de desconexión: ese momento en el que el mundo gira y nosotros estamos ajenos a todo. Unos días de otoño en Amsterdam en un viaje conmigo misma. Han sido días de paz, de renovación, de ver cómo la hojas caían y a esta ciudad nada ni nadie le hace sombra, de pasear entre sus calles de cuento, de perderme entre sus maravillosas tiendas, de sentir el aire fresco en la cara mientras paseaba en bici, y de comer pastel de manzana en el Winkel (entre otros muchos recuerdos que se ha venido conmigo). No he podido compartirlo antes pero nunca es tarde para compartir los buenos momentos, los que nos dejan bonitos recuerdos, y moldean nuestra memoria y a nosotros mismos. Los buenos momentos nos hacen crecer sólo con recordarlos. Aún no había despegado y ya estaba deseando volver. En este 2015 Amsterdam de nuevo. Uno de mis deseos para este año recién estrenado. 
En mis viajes de trabajo busqué momentos para respirar hondo, para desconectar en la medida de lo posible. Para salir a la superficie y coger aire limpio. Muchos días, innumerables horas lejos de casa y en soledad, al final uno tiene como obligación encontrar un momento para sí mismo. En cualquier rincón uno se encuentra con algo que es capaz de sacarle la sonrisa, tan sólo hay que saber verlo. 
Un castañero en León, siguiendo la tradición. 
La maternidad según Botero, en Oviedo.
Y esto lo suscribo absolutamente, aquí y en cualquier parte del mundo. En este 2015 vamos a preocuparnos sólo por lo verdaderamente importante. En este 2015 tenemos la tarea prioritaria de ser felices en todos los momentos posibles.

¡¡feliz año a tod@s!!


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