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14 de noviembre de 2013

Un petrolero hundido...

Tenía una entrada preparada con imágenes de lo que está siendo mi Noviembre, con los primeros vientos del invierno que camina hacia nosotros, ¿o somos nosotros quiénes caminamos hacia él? A veces no está muy claro quién camina hacia quién, aunque visto desde fuera siempre se despejan todas las dudas. Ves que dos personas se encuentran y sabes quién es el que se encamina hacia el otro y quién el se deja recibir. La tenía casi lista pero ha sucedido algo que me ha sacudido como una ola de esas enormes cuando el mar y el viento están en plena discusión. A través de comentarios y enlaces en redes sociales es como me entero de que aquel petrolero hundido está a punto de salir a la superficie para contar toda la verdad. Es así como me entero, y me entristezco, de que la naturaleza no es querida ni valorada en la actualidad. Y me entero de que el par antecedente-consecuente aquí no tiene sentido. No hay consecuencia tras los actos sucedidos y todas las secuelas provocadas. Lo siento, no lo entiendo. Parece que el humano proyecta más esfuerzos en cuidar lo que ha creado él mismo que lo que le ha sido dado, porque claro ¿quién construyó el mar o el bosque? ¿Existe acaso una regla no escrita de que en tierra de nadie que cada uno destruya por donde quiera? Porque parece que eso es lo que dejan entrelineas. Impunidad por maltrato a lo que no pertenece a alguien concreto. Tantos años después, tantos dossieres, testigos, peritos. Tantos papeles llenos de palabras vacías, tanta documentación indocumentada, leyes que caen a un lado de la balanza y fiscales protectores, para llegar a la conclusión de que allí no ocurrió nada grave. No hay culpables, no hay consecuencias ni responsabilidades por parte de nadie. Todo aquello dicen que fue una pesadilla de unos gallegos que miraban al mar mientras todo se volvía cada vez más negro. Lo siento, sigo sin entenderlo. ¿Esos inocentes y quiénes los han juzgado lo creen de veras? ¿De veras hay sentimiento de inocencia? Porque entonces se han creído su propia ficción. Yo sin entender nada, triste e impotente ante esta situación pienso: ¿Quién va a defender a ese que nos baña en verano a pleno sol? ¿Quién va a defender a ese que es capaz de alejarnos de todo mientras nos fundimos mirándolo durante un rato? ¿Quién va a defender al que alberga algunos de los mejores manjares? ¿Quién va a defender a ese inmenso personaje de la naturaleza que ha sido capaz de salvarnos tantas veces de nuestros propios naufragios? Le debemos tanto y tan bueno, que creo que sólo por eso merece que haya  justicia.

25 de julio de 2013

Galicia calidade

Preludio de la Suite nº 1 para cello de Bach by Carlos Núñez on Grooveshark
Vacío. Uno siente el vacío que deja la tristeza; el desgarro que produce pensar cuántas vidas se han truncado en un momento, y no sólo las de los fallecidos. Por extensión, hay muchas personas que hoy viven un día en el que faltan palabras para describirlo.  
Dicen que aquí la lluvia es arte, pero ayer el arte ha sido la solidaridad en mayúsculas de todos los que se han volcado ante la tragedia. Colas de gente donando sangre, trasladando a los heridos en sus propios coches, llevando mantas a los fallecidos; profesionales que en paro, en huelga o de vacaciones lo han dejado a un lado para ayudar antes de ser llamados. En momentos  en los que se olvidan las cosas secundarias: las razas, las banderas, las ideologías, o el equipo de fútbol al que siguen. Sólo hay hueco para dos palabras: vidas y personas. Deja un sentimiento tan bonito que duele. Se nos ha olvidado la crisis, los rescates, la corrupción... Y sólo nos hemos centrado en lo importante: había personas que necesitaban ayuda. Nada más. Ojalá muchos de esos que, presuntamente, se preocupan por la ciudadanía, tomen ejemplo de éstos, de los ciudadanos solidarios que no dan mítines sino ejemplo.
Imposible el aliento y la calma ante tanta vida truncada de repente. Pero que la tristeza no sea en vacío, hasta las hechos más trágicos nos dejan una enseñanza. A mi me la ha dejado el 2012 con muchos acontecimientos; me la ha dejado este 4 de Junio, en el que a los veinte minutos después de haber cumplido una nueva primavera se iba mi arquitecto de lados incorrectos, tras meses de agonía. Surgió el dolor pero, poco a poco, también las enseñanzas. Y hoy, ante lo acontecido, han venido a mi y he querido compartirlas. Vive hoy, sé agradecido hoy, no esperes más para decirle lo mucho que significa para ti; no prolongues más el momento de una visita sorpresa, no dejes para mañana el verbo disfrutar, da lo mejor de ti sin que nadie te lo pida; y sigue levantándote a pesar de haber caído para ir a por lo que realmente deseas. Todo eso tiene que ser hoy. El destino tiene muchos trenes que no llegan a la estación, pero nosotros todavía estamos aquí. Vive por ti y por todos ellos. Por todos los que hoy están de despedida. Un abrazo enorme. 

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