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20 de marzo de 2014

La naturaleza cura

Desde hace más o menos un mes estoy muy en contacto con la naturaleza. Aprovechando que el invierno feroz que pasamos se  apagó, que el sol empezó a salir poco a poco, que los días se han ido estirando... Dedico cada momento libre para evadirme y renovarme en algo tan simple y tan complejo a la vez como es la naturaleza. Y sí, la naturaleza cura. Si siempre lo había creído, ahora lo siento en mi propio cuerpo una vez más. 



Los paseos por el campo sin ningún sonido más que las hojas con el viento y pájaros libres. El mar, siempre relajante para mi. Concentrarse en los pies y sentir la arena; quedarse obnubilada entre ola que va y ola que viene; la brisa jugando con mi pelo. Como si de repente se transformase toda la energía que llevamos dentro. Sentir el sol sobre la piel. Oler esa mezcla de árboles, plantas, flores, hierba... Y no hay nadie. Esta soledad tan placentera rejuvenece. Llega la primavera y la recibo con los brazos abiertos y las energías renovadas. 
Y vosotros, ¿disfrutáis de la naturaleza?¿os sirve también de cura?

4 de noviembre de 2012

Rescatando: Toma III

The Promise by Bruce Springsteen on Grooveshark música para una promesa...
Me balanceo entre dos palabras para rescatar en estos días, me quedo con PROMESA. (post completo pinchando sobre la palabra)
"Promesa puede ser ofrecimiento o garantía. Pacto quizás. Unas flores o el mar entero. Mi tiempo y mis ganas. Una carta mientras me despido en un aeropuerto. Promesa de una espera, de un nuevo encuentro, allí o allá, con el lugar y la fecha todavía incógnitos pero encontrarse de nuevo y por supuesto, mejorados. Promesa siempre habla de voluntad y compromiso."
"Hay promesas que se hacen sin palabras, ni firmas, ni cuños. Esos compromisos libres, lejos de la palabra obligación. Las promesas siempre esperan ser cumplidas y, hay que cumplirlas hasta el final."

Llegaste y la sorpresa se hizo contigo. Pero supe que algo no bueno pasaba cuando te abracé riendo y tus ojos se inundaron. Creo que mi gesto hizo la pregunta por mi y me dijiste: "lloro por verte, por verte reír como siempre". No tardaste en contarme tu secreto, ese que llevaba semanas contigo a solas. Una vez más mostrabas tu resistencia para soportar las dificultades en soledad. A veces, ver tanta fortaleza junta estremece, y a mi se me partió el alma en mil pedazos. Llegaban los que serían nuestros últimos días hasta hoy, necesitabas que te espantase el miedo, y yo lo intenté aunque no sé si lo conseguí. Yo luchaba por espantar el tuyo mientras el mío me invadía, mi miedo a lo que ahora ocurre. Hubo tiempo para momentos compartidos y mientras, sin perder tu humor particular, hablamos de todo como si el tiempo se nos acabase. Siempre lo hicimos así, agotando hasta el último minuto, prolongando conversaciones que no querían terminar, pero esta vez más que nunca. Y me pediste una promesa: el secreto se quedaría entre nosotros, entre unos que tú habías elegido. No eran familia, y no me sorprendí. Y ahora que nos avisan que se termina el tiempo estoy tentada a romper la promesa. Me siento desleal por romperla pero insensible por no permitir que ella pueda despedirse de ti. Yo si fuese tú, querría que mantuvieses la promesa. Pero si fuese ella, me moría por verte una última vez. Y así estoy, entre aguas y no sé a qué orilla nadar. A mi lo que me gustaría de verdad sería encontrarte al llegar, otra vez más, junto a estos neones. 
 
Nos hicimos la promesa de volver a encontrarnos, quizás en este aeropuerto, o quizás en el último que nos despedimos, pero volver a encontrarnos. Nos hicimos la promesa de que si saltabas esto teníamos que hacer algo inolvidable, de esas cosas que uno no olvida en la vida. Me decías que tú necesitabas aire bueno y me pusiste una canción de Calamaro, ahora prohibida para mi; entonces, nos prometimos Buenos Aires. Las noticias que van llegando me sacan el aliento a mi también, pero no quiero perder la esperanza de que ahora falle esa fortaleza que siempre te ha caracterizado. La semana pasada llegó la noticia mala entre las malas, y me acurruqué en este silencio que tiene las manos frías. Sin dormir, sin comer, pensando sin pensar. Es rabia, es impotencia, es dolor. Es vacío, pero sobretodo es la pena que me da tener que decirte adiós. Y entonces pienso que entre nosotros prometimos que no habría nunca adiós. Y esa promesa sí vamos a cumplirla hasta el final. Yo sé que no hay olvido que pueda ganarle la batalla a todo esto que somos tú y yo. 

16 de abril de 2012

MEDIANERAS

Hace años, un día por casualidad ví un corto que había sido premiado en diferentes festivales. Me enamoró desde el minuto uno. MEDIANERAS. A finales del 2011 se estrenó la película y, por fin he podido verla. No me ha defraudado, a pesar de que prefiero a la actriz del corto que a la que eligieron para la película (Pilar López de Ayala). Esta historia ambientada en Buenos Aires la firma Gustavo Taretto, capaz de adentrarnos en las vidas paralelas de Martín y Mariana. Él es un diseñador web fóbico en vías de recuperación, poco a poco va saliendo del encierro en su monoambiente y su adicción al mundo virtual. Ella, una arquitecta que decora escaparates, vive el final de una larga relación y, en su cabeza sucede el mismo desorden que en su apartamento, que dá a una medianera.Sus ventanas frente a frente. Deberían conocerse, no? ¿Cómo se podrían encontrar en una ciudad superpoblada y caótica como Buenos Aires? La medianera será aquello que los separe y los una. 
Reflexiona e invita a reflexionar sobre ciertos temas. La arquitectura definiendo una urbe y su sociedad. Los edificios en Buenos Aires. El eterno inquilino, viviendo siempre de paso en una ciudad en la que los edificios se van sucediendo de la forma más variopinta. Tal como nuestra propia vida, que vamos haciendo día a día sin saber ni cómo ni dónde acabaremos. 


Abarca el tema de lo virtual, de cómo nunca hemos estado tan conectados, tan comunicados y tan informados. Y sin embargo, nunca hemos estado tan solos. Internet ha traído la solución a muchas cosas y también, en cierta forma, la soledad individual. A Martín lo abandona su novia, cambiándolo por una vida mejor en Nueva York. Desde entonces vive en su minúsculo apartamento saliendo, según él, sólo para lo imprescindible: ir a terapia. 


El amor y desamor se abrazan en la trama. Mariana ha dejado una relación de cuatro años."¿Cómo se puede estar cerca de alguien tan distinto? es la estúpida conclusión que me deja una relación de cuatro años" - recapacita mientras toma té (sobre esto podríamos hablar largo, pero lo haré en otro post). Mientras borra las fotos de toda aquella historia, plantea el deseo de que ojalá su mente borrase tan rápido como su Mac y con un sólo clic. Porta a la papelera treinta y ocho megas de historia en imágenes. Cuánto nos cuesta cerrar y olvidar a los humanos(de eso también podríamos hablar largo), sin embargo, hay ocasiones en las que todo se vislumbra tremendamente negro al comienzo del fin, en un adiós que con el paso del tiempo acaba por diluirse y tomar un tono más claro a cada paso. Pero, ¿quién no ha pensado alguna vez, como ella, aquello de "ojalá en un simple clic me olvidara de todo"?


Mariana saca su libro "Buscando a Wally", que guarda desde la pubertad. No logra encontrar a Wally en la ciudad y es ahí cuando plantea la reflexión con incertidumbre: "Si aún cuando sé a quién estoy buscando no lo encuentro, ¿cómo encontrar al que estoy buscando si ni siquiera sé cómo es?" Yo también adoraba buscar a Wally, creo que más que encontrarlo lo que adoraba era la búsqueda. Pero la búsqueda sin encuentro se vuelve desdicha. El encontrarlo era la recompensa, el objetivo y también el final. Y yo pregunto, una vez encontrado a Wally, ¿qué se hace? 

¿Conocíais "Medianeras"?¿Os ha gustado?¿Alguna reflexión que queráis sacar aquí? 

28 de noviembre de 2011

¿Por qué nadie me cuenta qué está pasando?

La mamá, tras el entierro, anuncia a Marta la muerte de su tío: "El tío se ha ido al cielo, Marta, se ha muerto". Marta increpa sin llorar y con decepción, no siendo muy consciente de lo sucedido: "Vaya!! ¿así que se ha ido? ¿y cómo no me habéis avisado? No he podido llevarle flores". La madre contesta: "Bueno, ha sido así. Ahora ya lo sabes, de esto no volveremos a hablar, vale?". Esta escena es real, tan real como lo es Marta (aunque su nombre sea otro). Una parte de mi trabajo discurre entre ellas dos, como ayuda en su camino. A veces, este tipo de cosas logran pararme mientras el mundo dá una vuelta más.Escenas dolorosas casi todos las hemos atravesado. Si exploramos nuestras infancias, seguro que encontraremos alguna: una muerte de alguien querido, un accidente, un divorcio, la enfermedad interminable del abuelo o el cambio repentino de domicilio perdiendo el contacto con nuestro entorno más próximo. Suponemos que ese episodio rubricó nuestra vida o como mínimo, fue determinante en la continuación de nuestra historia. Sin embargo, muchas veces sucede que lo más traumático no fue el acontecimiento en sí, sino la falta de palabras que sólo dejaron hueco al silencio, alrededor de aquella situación desoladora; el desamparo y el aislamiento con el que se atravesó aquel período, o que nadie haya aclarado qué sucedía, o las mentiras en las que los adultos se escondían, o la tergiversación de la realidad que dejaba al niño falto de equilibrio, comprensión y resguardo. Por otra parte, desde lo subjetivo, un hecho doloroso lo podemos vivir como algo dañino, pero puede que objetivamente no sea así, o al menos no con tanta magnitud como nosotros lo percibimos. Por eso, es esencial que los adultos examinemos el significado amplio y perfecto que cada suceso trae implícito. Es imprescindible que ofrezcamos a los niños toda nuestra comprensión, toda la lógica e incluso toda la alegría que una pérdida trae consigo, si sabemos esperar. Ponerle palabra a lo que acontece, el cariño recibido en medio del dolor, la escucha y el cuidado, la atención y la custodia... se convierten en lo más valioso. Así, en un futuro, el niño recordará ese momento de pérdida, pero unido al amparo, a la afrontación y a la superación. Un hecho que le ha aportado crecimiento interior y fortaleza. El aislamiento al que a veces se somete a los niños, la desidia y la falta de contacto emocional es lo que verdaderamente puede dejarles heridos. No podemos dejar que suceda, no sólo los profesionales, sino las personas. Lo terrible no es la muerte en sí. Lo terrible es dejar a un niño solo, tremendamente solo con su soledad.

22 de junio de 2010

Los bloggers tienen la palabra: SOLEDAD

Es la primera vez que hablo de soledad en este sofá. A pesar de que casi siempre, por no decir siempre, este sofá se escribe en soledad. Soledad y yo, a veces amparadas por música. Soledad cuando sólo quedan abatimiento y pesar como única compañía en el largo pasillo de la ausencia o la pérdida de alguien o algo querido. Soledad un lugar y un estado, donde estamos y somos carentes voluntaria o involuntariamente de compañía. Yo me quedo con la segunda, la que todos necesitamos en el día a día para reflexionar. Este rato para estar con nosotros mismos. Soledad puede ser una condena o una cura. Sin nuestros grupos primarios como familia y amigos la soledad la sentimos cerca, como abatimiento haciéndonos sentirnos vacíos en muchas ocasiones. No seríamos humanos sino hubiese relaciones con nuestros semejantes, donde nace la cultura de un pueblo. Somos por encima de todo sociales, siempre buscamos una relación con el medio, con los objetos y, siempre, en última instancia seguimos buscando una relación con los demás. Aún con la soledad mantenemos una relación con los demás: la ausencia. La soledad no existe sin ti, tú no existes sin nosotros y, nosotros no existe sin el mundo. Seres sociales en grandes urbes pensando estar más acompañados y, al final, resulta que nos encontramos más solos que nunca. La sociedad, la que nace para salvarnos de la soledad, esa que al final sólo acentúa esa soledad. Soledad que nace de sociedad.
Soledad como aislamiento tanteando la defensa, y soledad como retiro buscando la claridad. Soledad como penitencia. Quizás, nos han impuesto las connotaciones de tristeza casadas con esta palabra. Quizás, esta palabra tenga toda esa negatividad intrínseca a ella misma. Quizás porque sean muy pocos los que han encontrado buena compañía a solas consigo mismos. No lo sé pero yo todavía creo que hay una soledad deseada, una soledad que amalgama paz con uno y con el mundo. Una soledad en la que puedas encontrar una generosa compañía. La soledad llena de recuerdos que imposibilita el estar solo dentro de esta habitación lejos de lo mundano. Y es que h
ay tantas soledades como solitarios.
Palabra proporcionada por Rose , una blogger que pasa a menudo por aquí y, casi todas las semanas deja su palabra. Muchas de ellas son palabras que darían para escribir mucho y bueno, muchas merecerían más que un post de este sofá. Gracias. Siempre tendrás un hueco en este Sofá para hablar.
Sigo esperando nuevas palabras... cualquiera puede ser buena, desde sustantivos, adjetivos, capitales e incluso nombres propios... puede ser divertido ;) Lo importante: que la imaginación no muera jamás...

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