eso, justamente eso, gracias por vuestro amor, cada uno con vuestra propia forma, que es lo que más, más me gusta.
En medio del hastío uno intenta cambiarle de tema a su propia mente. Yo intento hacer un post que rezume vida, pero mi inspiración se ha visto mermada últimamente. Cuento con material para algunos posts, acontecimientos y frases para traer hasta aquí, mientras las imágenes aplastan las palabras. Todo se vuelve maraña. Es complicado reflejar la sensación que mezcla saturación y vacío simultáneamente. A veces, uno necesita parar, parar más allá de lo parado para poder saltar de nuevo.
Una tarde de primavera en Copenhague. Paramos el mundo para que luego volviese a girar con más fuerza que nunca. Y giró, y giró, y giró...
Decía que Agosto me dejó sensación entre pena y liberación. No lo echo de menos. Con Septiembre juego a equilibrismos esperanzados. Ahora no, ahora no podemos perder esa que nos levanta por las mañanas. Estoy mirando por un caleidoscopio deseando que todos esos colores nos invadan, que salgan a pintar mi mundo y el de mis burbujas, algunas de ellas en su tedio particular. Y saldrán, sé que saldrán y podremos celebrar lo que ahora es incógnita, a ratos rosa claro, a ratos gris oscuro. En momentos como estos nos quedan esos de los que uno nunca se desprenderá, esos que son capaces de hacerte volar estando sentado. El otro día al llegar a casa, antes de dormirme mientras salía el sol, pensaba en aquello que decía Piaget: "el tiempo no es una causa, sino un vehículo de causas". Un vehículo de causas que me ha llevado a la infancia y a la adolescencia en los últimos meses. Ese vehículo me ha encontrado y reencontrado con partes del pasado. ¿A quién no le gustaría volver a un día de los diecisiete? ¿o de los nueve? da igual, pero volver por un momento y con toda la esencia. Yo lo he hecho, y confirmo que eran tal como los recordaba. Gracias a unas burbujas, por hacerlo posible.
Y aquí yo y mi pelo, mientras el viento me peina despeinada. Le hemos soplado tanto a estos tiempos, que se han ido lejísimos y sin billete de vuelta. No sé si lo había dicho, pero adoro el viento.
Sacudirte la abulia a veces se vuelve ardua tarea. Me he rodeado de buena música, de buena literatura, arañando momentos de distracción. Sin echar de menos esa que consideraba mi casa. Nos hemos arropado unos a otros, cada uno con un frío diferente. Me he rodeado de esos que sonríen con el alma, los que saben leerme entre líneas; los mismos que me mandan abrazos que axfisian. Están los que siempre han estado ahí; los que nos desperdigamos hace tiempo y ahora este sofá ha vuelto a encontrarnos; y los que he ido hallando por el camino y que me llevo hasta el final. Sólo por esto y por todos ellos, este invento llamado vida ha sido maravilloso.
Viviendo cada segundo sabiendo que somos levedad, cual nube en el cielo. Ese es el mensaje que me llega por diferentes vías desde hace semanas. Nadie podrá quitarnos el hoy.
Siento que este sofá se ha quedado estancado y repetido, quizás síntoma de que llega su final. Enfermo de rutina, tal vez. Estoy pensando en rescatar algunos de los posts del principio; mientras voy pensando un final precioso para este sofá para hablar, porque no duden que cuidaré el final como he cuidado el comienzo ;) ¿Cómo podemos cerrar el sofá? Lo he puesto en la página de facebook, aquí, y algunos han propuesto opciones como publicar un libro con los mejores posts, dedicarlo y sortearlo; una pedazo de fiesta; que los bloggers escriban lo que les ha inspirado y lo que guardarían de Estrógena y del sofá. Otros proponen como cierre, no cerrar. Y yo lo dejo en manos de los mejores bloggers del mundo mundial... los míos.
¿Cómo paras tú tu mundo? ¿Volverías a un día de algún año pasado, por un momento y con toda su esencia? ¿A cuál y por qué? ¿Qué propones para el sofá?
Imágenes: Estrógena y sus burbujas.


