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18 de mayo de 2014

Inspiraciones compartidas

Manos a la obra. Los pinceles y las pinturas ya están preparados para darlo todo. He empezado por esta maceta y el rosa neón, que ha quedado un tanto faralaes. Perfecto para esta primavera que reluce en todo su esplendor. Sin duda, la pintura consigue relajarme. Es un momento de paz y sosiego, en el que me queda inmersa y concentrada. Como si la mente permaneciese en blanco y todo, absolutamente todo se quedase a parte. No importa la creación, sino el momento. Esto es relax del bueno. 
Estos son algunos rincones de mi casa. Nuestra casa es nuestra guarida, al menos para mi así lo es. El lugar donde me sentirse confortable, a salvo, en paz, a gusto. Llegar a casa, descalzarse, lavarse las manos, dejarse caer en el sofá entre los cojines... Que entre el sol por la ventana y ver que los geranios han florecido. Saber que por hoy no tengo ninguna tarea pendiente más que renovar la energía y dejarme fluir con el tiempo. Estos momentos en los que pagaríamos para que los relojes se parasen de veras. 

Ha venido el sol y se ha quedado por unos días. Nos hemos recargado y ahora, que pronostican una semana de nubes y alguna lluvia, estamos preparados para lo que venga hasta que llegue el próximo rayo de sol. Obligatorio disfrutar el momento. 

14 de marzo de 2014

Hogar, dulce hogar

Hogar, dulce hogar... Siempre he creído que cada casa era un mundo aparte, que cada uno de esos pequeños mundos tenía la huella de quién lo habitaba. En mi época de estudiante, viviendo en diferentes casas, siempre intentaba darles mi esencia. Necesitaba sentir que volvía a la guarida cuando terminaba el día, o cuando simplemente me apetecía estar. Existir sin más en mi hábitat. Y es que no hay peor sensación que sentirse incómodo en tu propia casa. 
Mi casa mira al sureste. Es la luz entrando por la ventana. Las flores, las plantas aromáticas que miran por la ventana. Es lo neutro con toques de color, y el color vivo con toques neutros. Es el olor a tarta de queso salida del horno. Una copa de vino para brindar porque ha sido un gran día. Es llegar, sacarse los zapatos y caminar descalza. Madera, alfombras. Una tarde bajo la manta en el sofá mientras azota la lluvia en la ventana. Son las sábanas limpias en una cama recién hecha. Mi bola del mundo dando luz. Son todos mis libros acomodándose por cada rincón, desde el salón a la habitación. Son las sobremesas con los que más quiero. Son las velas encendidas y dando olor, además de luz. Es un buen baño escuchando jazz. Es una siesta un domingo. Algo traído de un viaje, algo de un rastro. Olor a café, señal de que me visitan (no bebo café). Una tele apagada. Mi propio mundo. 


Bienvenidos. Siéntanse como en casa.

¿Tu casa también habla de ti?¿Qué destacarías de tu mundo particular? 

2 de septiembre de 2013

Lo que Agosto nos dejó...

Agosto me deja los desayunos con calma; de esos que se vuelven casi almuerzo por la tardanza en levantarse y el sosiego con el que nos lo tomamos. Noches de verano, para dormir con la ventana abierta y escuchar al grillo que canta en el jardín. Mañanas que amanecen a pleno sol y un despertador que duerme. Un anillo con una piedra verde aguamarina, unos cojines nuevos en este sofá para hablar, y unas margaritas de color lila. Agosto me deja unos aceites olorosísimos de lavanda y de rosa, regalo de mamá, de tacto seco, suave y con fácil absorción. Agosto nos deja nuevos "electrodomésticos" porque a algunas cosas (como desde donde os estoy escribiendo) a esas alturas de la historia, ya podemos llamarles electrodomésticos. 
Agosto ha dejado mucho más, demasiado para entrar en un post, así que en este caso segundas partes serán mejores. Se termina el tiempo de recreo, para quién lo tuvo; otros quizás lo comiencen ahora, escapando al intenso calor y a las grandes aglomeraciones por dondequiera que vayas. Y yo me quedo ahí, en medio entre unos y otros, comenzando Septiembre con muchas ganas pero sin prisas; disfrutando de las tardes de sol que terminan antes pero no menos apetecibles; de los paseos en noches que llegan temprano pero no más frías. Agosto nos dejó las lecturas bajo el sol, las siestas en el campo, los paseos por la playa sola y con amigos, el viaje, los reencuentros, las comidas familiares... Nos dejó las ganas, la ilusión y la sonrisa para recibir a un mes con el que pienso reconciliarme como se merece. Querido Septiembre, tú y yo estamos aquí para ser mucho más que dos. 

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