En nuestro propio puzzle las piezas no siempre nos encajan, aunque aparentemente lo parezca. Una la extraviamos por un cajón. Otra no conseguimos encontrarla. Y otra, no nos atrevemos a colocarla. Hay momentos en los que se torna agotador descubrir un sentido a todo el puzzle, hallar o colocar las piezas. Sin embargo, hay ocasiones en las que, de repente, empezamos a encontrar una, otra, parece que se estuviesen colocando solas mientras miramos con asombro.
Hay momentos en los que uno siente haberse sacado un peso de encima; siente haberse colocado donde realmente lo deseaba. Siente que se ha atrevido, entonces se siente valiente y, por tanto, orgulloso de si mismo. Aliviado, quizás. Complacido, tal vez. Satisfecho. Posiblemente sea una de las sensaciones más agradables que puede experimentar el ser humano (mentalmente, claro). Una especie de paz. Todo aquello que a veces anticipamos como algo doloroso, simplemente sucede, y nada es como lo habíamos imaginado. Perfecto e imperfecto a la vez, como todo lo natural. Y sin duda, me quedo con lo natural siempre. Tengo un puzzle, me faltaba una pieza y la he colocado.
Con todas las piezas arranca una nueva etapa en el mismo camino, un cambio de sentido y menos peso. Sentirnos tan livianos que el tiempo vuele, como ha volado estos días. Símbolo de que las piezas se colocan y ahora toca vivir, vivir, vivir, vivir... de la mejor forma, porque (de momento) sólo tenemos un puzzle.
¿Estás buscando alguna pieza? ¿A qué esperas para encontrarla?
Feliz semana de casi primavera



