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12 de marzo de 2012

Mi puzzle, yo y algunas piezas...

En nuestro propio puzzle las piezas no siempre nos encajan, aunque aparentemente lo parezca. Una la extraviamos por un cajón. Otra no conseguimos encontrarla. Y otra, no nos atrevemos a colocarla. Hay momentos en los que se torna agotador descubrir un sentido a todo el puzzle, hallar o colocar las piezas. Sin embargo, hay ocasiones en las que, de repente, empezamos a encontrar una, otra, parece que se estuviesen colocando solas mientras miramos con asombro.


Hay momentos en los que uno siente haberse sacado un peso de encima; siente haberse colocado donde realmente lo deseaba. Siente que se ha atrevido, entonces se siente valiente y, por tanto, orgulloso de si mismo. Aliviado, quizás. Complacido, tal vez. Satisfecho. Posiblemente sea una de las sensaciones más agradables que puede experimentar el ser humano (mentalmente, claro). Una especie de paz. Todo aquello que a veces anticipamos como algo doloroso, simplemente sucede, y nada es como lo habíamos imaginado. Perfecto e imperfecto a la vez, como todo lo natural. Y sin duda, me quedo con lo natural siempre. Tengo un puzzle, me faltaba una pieza y la he colocado.

Con todas las piezas arranca una nueva etapa en el mismo camino, un cambio de sentido y menos peso. Sentirnos tan livianos que el tiempo vuele, como ha volado estos días. Símbolo de que las piezas se colocan y ahora toca vivir, vivir, vivir, vivir... de la mejor forma, porque (de momento) sólo tenemos un puzzle. 


¿Estás buscando alguna pieza? ¿A qué esperas para encontrarla? 
Feliz semana de casi primavera

6 de octubre de 2011

Los bloggers tienen la palabra: CAMINO


Una canción que habla de la mítica frase "no eres tú, soy yo", que irremediablemente haga lo que haga, te irás. Caminos que se unieron, ahora se separan... ¿volverán a unirse? ¿quién puede saberlo?

Regresa, tras un tiempo de vacaciones,"Los bloggers tienen la palabra" con más bloggers y más palabras. Octubre abre nuevos caminos, nueva temporada, nuevo curso. Nueva vida. Y una nueva palabra que llega desde Buenos Aires, con buen aire para abrir camino. De vuelta por caminos para ser andados, caminos que se van haciendo al caminar. Hoy y aquí, nos vemos en el camino.

Una imagen tomada en Puerto Madero que ilustra las distancias desde Buenos Aires a otras ciudades del mundo.


La vida, ese camino. Nuestras vidas, caminos que se solapan. La tuya, la mía, la suya, la de él también. Caminos que se entrecruzan por algo, aunque no sepamos muy bien porqué. Maravillosa la historia de los caminos que se buscan, que se rondan, que se encuentran, que se escapan y de repente, vuelven a encontrarse. Como una maraña de hilos imposible de desenredar. Camino me habla de viaje, de destino, de casualidades que se encuentran. Ella compartía camino con él, tras una primera época se tornó parte activa en crear todo aquel recorrido en el que un día no supo como continuar. Sólo podía llorar sin encontrar su sitio, su optimismo falleció y el sol se escondió, rehuyendo ver el naufragio de lo que había sido todo un gran proyecto construído momento a momento, palabra a palabra. El lazo acabó por ser soga. Se encontraban en un camino bifurcado y debían seguir distintas sendas, pero no sabían decirse adiós. Cada uno se llevó la mitad del otro. Quizás, volverían a cruzarse tiempo después. Esos de ahí comparten camino mirándose unos a otros, casi sin verse, impidiendo avanzar. Vagan sin saber a donde, hablando sin decir nada. Aquellos dos también comparten camino, una misma trayectoria, de la mano divisan un propósito común. Él y ella caminaban incluso en el aire, al fin y al cabo, un avión también puede hacer camino. Senderos en el aire. Él pondría la búsqueda, el encuentro, la manifestación y la espera. Ella pondría la sorpresa, la duda, la amistad y las palabras. Juntos iban a desarrollar teorías sobre la risa. Algún día volverían a tomar el mismo avión en aquella misma dirección, pero con otro sentido. ¿Qué será de esos dos caminos?


La palabra la deja Pato, la blogger de Por mis caminos. Nuestros caminos se cruzaron, tejiendo de a poco y cuánto más tiraba del hilo, más puntos convergían. Pronto os contaré más y mejor de todo esto.


Aquí(enlace)también hablamos de cómo los caminos cuando quieren enredarse no hay nada más que hacer... Como siempre, esperando tus palabras.

16 de julio de 2010

Tropiezo contigo...

Tropezarme contigo posiblemente haya sido el mejor imprevisto de los últimos tiempos. Tropezar en el sentido literal de la palabra, en aquel hall de aeropuerto ante mostradores que facturan maletas al país de nunca jamás, y pasajeros que van y vuelven. A veces los choques provocan encuentros interesantes... Y de alguna forma colisionaste en mi vida como una bocanada de aire frío que se tornaba tibio en cada paso. La casualidad a veces es un arma potente que dispara en una única dirección. Volamos desde el mismo punto a hacia el mismo punto b, rayas paralelas, cada uno por su lado pero juntos a la vez. Inconscientes del presente disfrazado. Tú en una fila y un asiento. Yo en el 17A. Terminaríamos siendo partes colindantes. Recordabas mi cara mientras te dejaba pasar. Recordaba tu cara en pleno choque. En un avión medio lleno. En un avión medio vacío. ¿Quién tomará la palabra? ¿Acaso alguien hablará? ........... Cualquier tema puede ser un gran tema mientras eso haga que ese punto b al que volamos parezca más cerca de lo esperado. Hablamos de lo trivial, de lo mundano. De lo tuyo y de lo mío. Hablamos de todo pero de lejos. Tú dices. Yo digo. Aquello no era un flechazo, el amor no llega en la primera perspectiva. El amor, de surgir siempre lo hace después. Conociéndote, y conociéndome contigo, en cada risa que ha brotado. En cada una de tus cosas. En cada milímetro cuadrado de tu barba que no quiere ser barba y se hace exploradora de besos que no llegan a su destino. A veces, uno puede intuir los latidos sin usar tu fonendo. A veces, teniendo todas las palabras te acapara el mutismo. Y entonces caminamos con quietud yo siguiéndote a ti, mientras tú me custodias, con destino desconocido, sin saber a dónde nos dirigimos. El viaje es una incógnita. Las últimas nubes que atravesabamos apuraban en ti la pregunta que descifrase la clave para volver a tropezarnos en cualquiera de las formas. Lo hubiese dejado allí, con la duda de qué hubiese pasado después, dejando el fin en el aterrizaje. Una historia fugaz y sorprendente al mismo tiempo. Ahora el final ya no podrá ser ese. Supongo que no serás tú quién pisará el freno. ¿Qué nos aunó en un mismo vuelo? ¿los mismos deseos? ¿las mismas canciones?


Tú fuego y yo aire. Tú calma y yo tempestad. Yo soy un junio que se enciende y tú una tarde de noviembre. Tú eres bosque. Yo mar. Tú los cuerpos y yo las mentes. Tú en noches silenciosas y yo en mediodías con siesta. Tú eres los ojos que todo lo ven. Yo los oídos que todo lo escuchan. Validamos y refutamos nuestras hipótesis. Los dos hacemos nuestro propio diagnóstico diferencial, cada uno con sus métodos. Y sin saber porqué te encuentro frente a mi como si nos uniese algo más que... algo más. A pesar de todas las disimilitudes hemos tropezado por casualidad. Nuestros asientos estaban contiguos por casualidad. Y es que cuando la casualidad nos busca siempre consigue encontrarnos.



¿casualidad o destino? ¿qué final le ponemos a esto?

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