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15 de marzo de 2012

Hace dos años en un día así

Primavera by Mariza on GroovesharkDicen que el fado son las lágrimas del alma, y este se titula "primavera". Sólo cabía esta música para este post. 
Hace dos años en unos días como estos, previos a primavera, perdía por completo el equilibrio. Una enorme nube negra se había instalado encima de mi y no dejaba de llover. Llovía por encima y por dentro de mi. Hace dos años sentía como el corazón se resquebrajaba; sentía que una parte de mí se estaba muriendo; y otra parte se ahogaba en la angustia, esa que asfixia. A veces sientes que el corazón se quiebra, que no es poesía, que duele de verdad. En un día como este de hace dos años sería la última vez que nos veríamos. En aquel momento se avecinaba una gran tormenta. Uno no siempre se siente capaz de aceptar lo que sabe que está llegando, y quiere huír, escaparse tan lejos que lo que se acerca no pueda alcanzarle. No hubo despedida, no nos atrevimos ni tú ni yo, y luego te quedaste dormida. Ahí no quise aceptar y me reafirmé en que sólo era un sueño. Y creo que es que no la hubo porque nunca tuvimos una despedida, porque seguimos estando cerca de alguna forma. El día que nacía la primavera el silencio anunció el final (aquí ese post). Y desde aquel día he estado comprobando aquello que tantas veces hablamos, de que uno no muere hasta que no es olvidado. Y es cierto, totalmente. He reconstruído las ruínas de todo lo que quedó, he crecido, he saltado, me he atrevido. Me caí y volví a levantarme. Las cosas han cambiado pero el alma sigue siendo la misma, creo que estarás orgullosa. Hubo momentos en los que casi pierdo la sonrisa y la esperanza, pero en el último momento me he acordado de ti y de lo que un día me dijiste, que de alguna forma también cambió mi vida, "el corazón te ha traído hasta aquí y tienes que hacerle caso". Así que, aunque a veces sea difícil, sigo guiándome por este corazón con remiendos. Tendría tantas cosas que contarte, tantas que tú ya sabes. 



Hace dos años el día que nacía la primavera caía hasta el fondo del océano, allí donde no llega la luz. Desde el otro lado de la pantalla, vosotros, los bloggers dejábais palabras que eran abrazos; desde este lado aparecían justo los que tenían que aparecer, los que siempre he encontrado por mucho que el tiempo pase, esos que tienen una parte de mi, y a los que (confío) siempre encontraré. 

27 de marzo de 2010

EL DÍA QUE NACÍA LA PRIMAVERA

El día en que nacía la primavera terminaba el viaje. Te ibas y el sol salía para orientarte, nos dejabas el calor para seguir la andanza. Era como un día anunciado sin fecha propiamente dicha, todos nacemos con ese día escrito en la planta de los pies, así que es en vano correr al lugar más recóndito del mundo porque al final siempre termina encontrándonos. Pero hay casos en los que se hace una especie de epílogo en el que todos los que rodean a esa persona,o ella misma,sabe que ahora más que nunca el final se acerca a ritmo de soul. Y la tristeza, normalmente, aparece y nos bloquea sin dejarnos disfrutar de los que serían nuestros últimos días juntos. Con Marzo nacía la crónica de una muerte anunciada, parecida a la de Gabo, pero esta con menos personajes y sin viaje. Era básicamente una espera, qué fría la espera de saber que te vas. Y no nos hemos despedido... nunca nos despedimos, no nos gustaba esa parte de la partida ¿por qué hacerlo ahora? Camino del adiós recorríamos la misma ruta de vuelta a casa tras la playa en los veranos de la infancia. Ibas delante, como una guía y, parecía que por más que te seguía, imposible era agarrarte.
La muerte siembra el miedo entre nosotros, el miedo al fin, el miedo a lo desconocido. Hasta los que esperan el paraíso le temen aunque sea en silencio. Ni digamos ver la partida de un ser querido, la agonía de llegar hasta el último día sabiendo que quizás hoy sea el definitivo. Hasta que recibes la noticia no cierras la puerta. Hasta que no oí la voz de mamá no caí al vacío. Ya había terminado todo. El desierto ante mis ojos. Sordidez en el aire. Sentimientos enfrentados, la tristeza fría como el acero y, recuerdos, muchos recuerdos flotaban desorientados en mi mente. Ya te estaba echando de menos y todavía estabas aquí. Y realmente por aquí te has quedado con tu sonrisa tímida y tus buenos deseos envueltos en abrazos de abuela, ¿qué seríamos sin los abrazos de la abuela? Me has dejado tantos buenos recuerdos, tanto cariño, que no cabe el olvido. Y te has llevado mi sonrisa, mis incógnitas. Y en esa larga despedida me encontré con familia, amigos, conocidos, desconocidos de la familia con los que no coincides a menudo, y con mi otra familia, esa con la que no compartimos apellidos ni sangre, pero si minutos, horas, días, meses, años compartiendo momentos inolvidables, momentos que han hecho que yo los considere familia, momentos en los que siempre me han hecho sentir su pequeña Lucía. Y junto a ellos, más recuerdos. Un mar de recuerdos. Sentir cerca a los que quieres te hace sentirte arropado, fuerte, estimado, y en un momento tan gris atenuaban el dolor con sus mejores mimos. Cómo ha pasado el tiempo! Cuántos años, sin embargo, ellos seguían allí meciéndome entre abrazos, como a su pequeña Lucía. De vuelta a casa comencé a mirar fotos tuyas, nuestras. Creo que era la necesidad de volver a verte, de saber que recuerdo tu cara. De poder volver a mirarte y pensar todo esto que ahora te cuento. Necesidad de apagar parte de mi tristeza encendida.
El día que nacía la primavera... cogiste tu maleta llena de secretos y echaste a volar.

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