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27 de junio de 2014

Las cosas y nosotros

Las cosas hablan de nosotros sin decir una palabra. Los regalos hablan de nosotros, de quién regala y quién recibe. De la imagen que tiene sobre nosotros y de lo que quiere trasmitir esa persona que hay detrás de cada cosa que llega a nosotros en forma de agasajo. Es por ello que traigo hasta aquí algunos de los regalos de mi último cumpleaños. 
Jarras que se convierten en floreros improvisados. Adoro las flores, me dan una tremenda sensación de vida. ¿En nuestro adn también vienen encapsulados los gustos? Porque en este caso así lo parece. Mi gusto por las flores viene de muy, muy temprano. Y junta a ella un libro de Taschen, con buenas fotos y mejores informaciones de viajes cortos pero no por ello menos intensos. Fines de semana en ciento veinticinco ciudades europeas. Esto invita a salir volando. Saben que no pondré objeciones.  
Un pintalabios de Chanel con un color coral, un tono rojo anaranjado que en la maison han decidido llamarle "la favorite". Uno de esos colores que también dan vida, como quién me lo ha regalado. Las mamás siempre saben dibujarte la sonrisa y aquí ha sido literal. 
Las velas, otra de esas cosas que me encantan. Este gusto parece que también viene determinado en mi genética. Abuelas que encienden velas porque sí, sin pretextos de estampitas y sin necesidad de altares, tan sólo para crear ambiente con la luz y el olor. Vivan las abuelas modernas.  
Una diadema y un collar. Raso negro y un nudo a modo pañuelo a la cabeza; inmenso y coral alrededor del cuello. Esto es como nuestros abrazos, no se precisan más explicaciones; estas chicas me conocen bien. Muy bien.
Los libros quizás merecerían un post aparte. Un regalo de ocho libros es algo cuanto menos sorprendente y agradable para mi. Y aún faltaba otro más. Tengo libros para los próximos dos meses y justamente es verano, la época en la que leer apetece todavía más si cabe. ¿Qué es una playa o una piscina sin un buen libro? Gracias por hacer que no tenga que hacerme esa pregunta este verano. Gracias, gracias, gracias!! A todos. Por todo y por tanto. 

Sean felices :)


20 de marzo de 2013

El día que nacía la primavera (3)

A las 12:02am de este 20 de Marzo dará inicio la primavera. Era una de mis estaciones preferidas, con ella parece que los días estiran la luz para hacernos florecer. Nací en el prólogo del maravilloso verano, ¿será por eso que el sol me gusta tanto? Un invierno colmado de paz ha hecho que este año haya llegado casi sin percatarme. Un día como hoy hace justamente tres años se fue una de las personas que más han influido en mi, que más me han querido y a las que más he querido. Una noche como esta te quedaste dormida y en el amanecer, cuando nacía el día y la primavera, un último suspiro. Siempre he dicho que, sin duda, no podrías haber escogido mejor el día en el que despedirte. Las flores, el sol, la vitalidad, la alegría de vivir. Eso eras tú. Y con eso nos hemos quedado. 


Tengo infinidad de imágenes, de grandes momentos de juegos, de sonrisas, cantando, haciendo bailes. Imágenes de abrazos con tu sonrisa enorme aprentando los ojos(me has dejado ese gesto), tus manos chiquititas (también me las has dejado). Creo que puedo recordar todos y cada uno de los rincones de tu cara. Es increíble como la memoria ha hecho una habitación sólo para ti. 


Hoy aparecía en la tele Raffaella Carrá, desde pequeña me encanta esta mujer, y me sigue encantando. A punto de cumplir 70 primaveras no ha perdido nada de su esencia. Es viva, con su eterna sonrisa, espontánea, bella. Tiene swing. Recuerdo aquellas noches de infancia en las que sonaba el teléfono y corría pasillo adelante para descolgarlo diciendo: "Hola Raffaela!" con la ilusión de que quizás fuese su llamada desde el programa que presentaba en televisión. Raffaella nunca llamó, pero nadie podrá sacarnos aquellas noches en las que me  animabas a soñar que era Raffaella por un rato. Gracias.  

20 de marzo de 2012

Los bloggers tienen la palabra: DISFRUTAR

Oye by Sergio Vargas on Grooveshark puede que no sea la mejor canción del mundo pero a veces necesitamos dejarnos mover por la música y "disfruta la cosas buenas que tiene la vida"
He pensado que continuando con las anteriores entradas y con los acontecimientos que rodean mi vida últimamente, podría darle entrada a una palabra que lleva tiempo esperando: Disfrutar. Tras encontrar la pieza del puzzle que a uno le falta y haberla colocado; tras haber sido valiente; tras la consecución de la meta a uno sólo le queda una cosa: disfrutar. Es el tiempo de deleitarse. Busquen sus excusas porque  aquí y hoy, vamos a disfrutar.

La vida seguro que la han inventado para divertirnos, sino no tendría sentido.Pero sucede que en medio de todo eso estamos los humanos con nuestras pasiones, nuestros temores y nuestras emociones, ahí empieza la verdadera creación: desde lo más maravilloso hasta lo más patético. Podemos crear ilusiones o sufrimiento, ajeno o propio. Sí, crearnos sufrimiento propio, negándonos el goce como un castigo auto-impuesto. ¿Qué carga nos oprime para no poder disfrutar? Casi siempre está escondida, muy adentro; y tras vueltas y vueltas la encontramos o, quizás no la hallemos y siempre nos acompañe. A veces hay que tener el valor de enfrentarse a lo que hace daño para poder disfrutar. Una invitación: no pierdan el tiempo con castigos y disfruten con lo que aman porque, quizás, no hay mañana. 


Hoy, el día que nace la primavera, quizás la estación que con más anhelo espero, y justo te has despedido en ese día, una garantía de no caer en el olvido aunque eso ya lo tenías asegurado. Has sido auténtica hasta en la despedida. Y pensando en ti pienso en disfrutar, tu mayor legado: ser feliz y hacer feliz a quienes te rodeaban. Quiero, como tú, no morir antes de que llegue la muerte, que la muerte se sorprenda con esas ganas de vivir. Hay que disfrutar y aún quedándose a un pasito de la centena, morir disfrutando. Lección aprendida


Hablan de que la vida es demasiado corta, supongo que hay vidas cortas que duraron cien años y, vidas larguísimas a pesar de que el tiempo no fue demasiado. No importa cuánto sea nuestro tiempo aquí, ni si los hubo mejores o peores, el caso es que este es el nuestro y sólo por eso debe ser disfrutado. El día que me vaya quiero sentir que mi vida ha sido plena. Y plena para mi es que he vivido como he querido, he amado, he aprendido, he elegido el cómo y el con quién, he fracasado, me he caído, he vuelto a comenzar con el ímpetu que te dan algunas caídas. Saber que uno ha disfrutado amando, disfrutado aprendiendo, y disfrutado enseñando todo lo aprendido. El día que me vaya quiero sentir que, por encima de todo, he disfrutado.


La palabra la dejan Pato y Rose, dos bloggers asiduas a este sofá, que siempre consiguen hacerme  disfrutar con sus palabras. Gracias.

Mañana, 21 de Marzo, es el día del Síndrome de Down y el día mundial de la Poesía. Porque tienen más relación de la que algunos puedan creer, un muuuuuuy feliz día a mis Down. A mis poetas. 

15 de marzo de 2012

Hace dos años en un día así

Primavera by Mariza on GroovesharkDicen que el fado son las lágrimas del alma, y este se titula "primavera". Sólo cabía esta música para este post. 
Hace dos años en unos días como estos, previos a primavera, perdía por completo el equilibrio. Una enorme nube negra se había instalado encima de mi y no dejaba de llover. Llovía por encima y por dentro de mi. Hace dos años sentía como el corazón se resquebrajaba; sentía que una parte de mí se estaba muriendo; y otra parte se ahogaba en la angustia, esa que asfixia. A veces sientes que el corazón se quiebra, que no es poesía, que duele de verdad. En un día como este de hace dos años sería la última vez que nos veríamos. En aquel momento se avecinaba una gran tormenta. Uno no siempre se siente capaz de aceptar lo que sabe que está llegando, y quiere huír, escaparse tan lejos que lo que se acerca no pueda alcanzarle. No hubo despedida, no nos atrevimos ni tú ni yo, y luego te quedaste dormida. Ahí no quise aceptar y me reafirmé en que sólo era un sueño. Y creo que es que no la hubo porque nunca tuvimos una despedida, porque seguimos estando cerca de alguna forma. El día que nacía la primavera el silencio anunció el final (aquí ese post). Y desde aquel día he estado comprobando aquello que tantas veces hablamos, de que uno no muere hasta que no es olvidado. Y es cierto, totalmente. He reconstruído las ruínas de todo lo que quedó, he crecido, he saltado, me he atrevido. Me caí y volví a levantarme. Las cosas han cambiado pero el alma sigue siendo la misma, creo que estarás orgullosa. Hubo momentos en los que casi pierdo la sonrisa y la esperanza, pero en el último momento me he acordado de ti y de lo que un día me dijiste, que de alguna forma también cambió mi vida, "el corazón te ha traído hasta aquí y tienes que hacerle caso". Así que, aunque a veces sea difícil, sigo guiándome por este corazón con remiendos. Tendría tantas cosas que contarte, tantas que tú ya sabes. 



Hace dos años el día que nacía la primavera caía hasta el fondo del océano, allí donde no llega la luz. Desde el otro lado de la pantalla, vosotros, los bloggers dejábais palabras que eran abrazos; desde este lado aparecían justo los que tenían que aparecer, los que siempre he encontrado por mucho que el tiempo pase, esos que tienen una parte de mi, y a los que (confío) siempre encontraré. 

27 de marzo de 2010

EL DÍA QUE NACÍA LA PRIMAVERA

El día en que nacía la primavera terminaba el viaje. Te ibas y el sol salía para orientarte, nos dejabas el calor para seguir la andanza. Era como un día anunciado sin fecha propiamente dicha, todos nacemos con ese día escrito en la planta de los pies, así que es en vano correr al lugar más recóndito del mundo porque al final siempre termina encontrándonos. Pero hay casos en los que se hace una especie de epílogo en el que todos los que rodean a esa persona,o ella misma,sabe que ahora más que nunca el final se acerca a ritmo de soul. Y la tristeza, normalmente, aparece y nos bloquea sin dejarnos disfrutar de los que serían nuestros últimos días juntos. Con Marzo nacía la crónica de una muerte anunciada, parecida a la de Gabo, pero esta con menos personajes y sin viaje. Era básicamente una espera, qué fría la espera de saber que te vas. Y no nos hemos despedido... nunca nos despedimos, no nos gustaba esa parte de la partida ¿por qué hacerlo ahora? Camino del adiós recorríamos la misma ruta de vuelta a casa tras la playa en los veranos de la infancia. Ibas delante, como una guía y, parecía que por más que te seguía, imposible era agarrarte.
La muerte siembra el miedo entre nosotros, el miedo al fin, el miedo a lo desconocido. Hasta los que esperan el paraíso le temen aunque sea en silencio. Ni digamos ver la partida de un ser querido, la agonía de llegar hasta el último día sabiendo que quizás hoy sea el definitivo. Hasta que recibes la noticia no cierras la puerta. Hasta que no oí la voz de mamá no caí al vacío. Ya había terminado todo. El desierto ante mis ojos. Sordidez en el aire. Sentimientos enfrentados, la tristeza fría como el acero y, recuerdos, muchos recuerdos flotaban desorientados en mi mente. Ya te estaba echando de menos y todavía estabas aquí. Y realmente por aquí te has quedado con tu sonrisa tímida y tus buenos deseos envueltos en abrazos de abuela, ¿qué seríamos sin los abrazos de la abuela? Me has dejado tantos buenos recuerdos, tanto cariño, que no cabe el olvido. Y te has llevado mi sonrisa, mis incógnitas. Y en esa larga despedida me encontré con familia, amigos, conocidos, desconocidos de la familia con los que no coincides a menudo, y con mi otra familia, esa con la que no compartimos apellidos ni sangre, pero si minutos, horas, días, meses, años compartiendo momentos inolvidables, momentos que han hecho que yo los considere familia, momentos en los que siempre me han hecho sentir su pequeña Lucía. Y junto a ellos, más recuerdos. Un mar de recuerdos. Sentir cerca a los que quieres te hace sentirte arropado, fuerte, estimado, y en un momento tan gris atenuaban el dolor con sus mejores mimos. Cómo ha pasado el tiempo! Cuántos años, sin embargo, ellos seguían allí meciéndome entre abrazos, como a su pequeña Lucía. De vuelta a casa comencé a mirar fotos tuyas, nuestras. Creo que era la necesidad de volver a verte, de saber que recuerdo tu cara. De poder volver a mirarte y pensar todo esto que ahora te cuento. Necesidad de apagar parte de mi tristeza encendida.
El día que nacía la primavera... cogiste tu maleta llena de secretos y echaste a volar.

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