Dicen que el fado son las lágrimas del alma, y este se titula "primavera". Sólo cabía esta música para este post.
Hace dos años el día que nacía la primavera caía hasta el fondo del océano, allí donde no llega la luz. Desde el otro lado de la pantalla, vosotros, los bloggers dejábais palabras que eran abrazos; desde este lado aparecían justo los que tenían que aparecer, los que siempre he encontrado por mucho que el tiempo pase, esos que tienen una parte de mi, y a los que (confío) siempre encontraré.
Hace dos años en unos días como estos, previos a primavera, perdía por completo el equilibrio. Una enorme nube negra se había instalado encima de mi y no dejaba de llover. Llovía por encima y por dentro de mi. Hace dos años sentía como el corazón se resquebrajaba; sentía que una parte de mí se estaba muriendo; y otra parte se ahogaba en la angustia, esa que asfixia. A veces sientes que el corazón se quiebra, que no es poesía, que duele de verdad. En un día como este de hace dos años sería la última vez que nos veríamos. En aquel momento se avecinaba una gran tormenta. Uno no siempre se siente capaz de aceptar lo que sabe que está llegando, y quiere huír, escaparse tan lejos que lo que se acerca no pueda alcanzarle. No hubo despedida, no nos atrevimos ni tú ni yo, y luego te quedaste dormida. Ahí no quise aceptar y me reafirmé en que sólo era un sueño. Y creo que es que no la hubo porque nunca tuvimos una despedida, porque seguimos estando cerca de alguna forma. El día que nacía la primavera el silencio anunció el final (aquí ese post). Y desde aquel día he estado comprobando aquello que tantas veces hablamos, de que uno no muere hasta que no es olvidado. Y es cierto, totalmente. He reconstruído las ruínas de todo lo que quedó, he crecido, he saltado, me he atrevido. Me caí y volví a levantarme. Las cosas han cambiado pero el alma sigue siendo la misma, creo que estarás orgullosa. Hubo momentos en los que casi pierdo la sonrisa y la esperanza, pero en el último momento me he acordado de ti y de lo que un día me dijiste, que de alguna forma también cambió mi vida, "el corazón te ha traído hasta aquí y tienes que hacerle caso". Así que, aunque a veces sea difícil, sigo guiándome por este corazón con remiendos. Tendría tantas cosas que contarte, tantas que tú ya sabes.
Hace dos años el día que nacía la primavera caía hasta el fondo del océano, allí donde no llega la luz. Desde el otro lado de la pantalla, vosotros, los bloggers dejábais palabras que eran abrazos; desde este lado aparecían justo los que tenían que aparecer, los que siempre he encontrado por mucho que el tiempo pase, esos que tienen una parte de mi, y a los que (confío) siempre encontraré.