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11 de septiembre de 2012

¿Qué título le pongo a esto?

Este último mes a penas he venido aquí. Agosto se ha terminado y me deja un sentimiento ambivalente entre pena y liberación. Una parte hace que desde que tengo recuerdos sienta ese hastío cuando llega Septiembre, creo que asociado a decir adiós al sol. Septiembre siempre era despedida y menos horas de luz, y cuando esos dos factores se unen, al menos en mi, el resultado es muy, pero que muy feo. En los comienzos de este mes publicaba un post en el que proclamaba que "Aquí hay vida", pero luego Agosto ha traído demasiado hospital, demasiado suceso recordando que la impredecible muerte existe. No echaré de menos a esta segunda mitad. La vida es algo que unos viven y otros dejan que suceda, pero la muerte es algo claro y directo, es esa varita que nos hace iguales. A pesar de eso, Agosto ha traído reencuentros; desayunos extensos y cenas interminables; las lecturas bajo el sol; carreteras hacia el norte y carreteras hacia el sur; las perseidas y nuestros deseos... 

Un avión que no quería despegar. Un encuentro que se retrasa, pero las ganas agolpan esperando el abrazo. 
imposible que los desayunos no sean eternos con estas exquisiteces del estilo fabricadas por algunas de mis burbujas. Viva lo artesano :)
Agosto y nuestro intento de cazar estrellas fugaces. Una la hemos compartido con la certeza de que nos tendrá preparada una sorpresa cuando más despistados estemos.
 desde que tengo recuerdos, recuerdo esta tienda que siempre tuvo para mi un punto oscuro y, a la vez, tremendamente atrayente. Ahora dice adiós y eso es nostalgia pura :(
¿y si nos la quedamos y ponemos ahí un sofá para hablar sin pantallas de por medio? donde perdernos cuando no nos encontremos; donde encontrarnos cuando estemos perdidos. 
A pesar de que el sol se vaya antes de tiempo, estaría genial que por fin ocurriese algo bonito y, que Septiembre y yo pudiésemos hacer las paces después de tantos años. 

"Sucesos que colisionan entre sí y conmigo hacen que hoy esté aquí, en este sofá, intentando sacar todo lo que llevo dentro. Bruce Springsteen. Play. Este señor hace una música que hoy será, una vez más, salvación." Así comenzaba un post hace dos semanas, que no fue publicado. Pensaba en nuestra última conversación, en aquella habitación de hospital entre gris y verde claro, con la cama al lado vacía. Mi visita casual, quedarnos a solas y comenzar una de esas conversaciones que dejan poso. Días más tarde, cuando todo había vuelto a la normalidad, me llega la noticia de que te has cubierto de distancia. Esa última conversación aflora, todo toma un sentido concreto, ¿cómo pudimos condensar tantos temas en tan poco tiempo? ¿acaso pudiste oler mis dudas y mis sueños? Lástima no haber tenido un poco más de tiempo, verdad? Presiento que sabías demasiadas cosas. Y ahora me quedo aquí como el pesar que deja esa saudade. La muerte nos enseña que nada es permanente, nos enseña a desprendernos. Nos avisa que solo contamos con un tiempo y que es obligatorio vivir en el presente. Aunque, a veces, parece que necesitamos que la vida nos ponga en una situación límite para comenzar a disfrutar. Y en la mayoría de esas veces ya no hay tiempo. Las despedidas y yo nunca nos hemos llevado bien, pero es que son feas; unas más que otras pero, feas al fin y al cabo. 


 
Esto es un retazo de la pared de la cocina de mi casa. Un día, hace muchos meses, hablando de separaciones y no sé qué más, con el que en ese momento era mi pareja, se escuchó: "Es distinto separarse que morirse..." y la contestación fue: "sí, cierto, es peor separarse.". Quedando implícito el dolor que conlleva la separación del ser amado, el dolor del desamor. Sé que empecé a reír y dije: "esto es una de esas frases de análisis, tomo nota". Esa nota se quedo por ahí, colgada en una de esas pinzas. El otro día, escribiendo este post, sentada en el lugar donde siempre me siento, me quedé obnubilada mirando al frente y pensando. De repente mi mirada perdida se posó en esta nota, que me ha pasado desapercibida durante meses y meses, justamente el día que estaba escribiendo y pensando sobre muerte y despedidas. Y yo creo que las separaciones pueden ser dolorosas, que el desamor puede ser desgarrador para quién ama, pero son despedidas en las que caben los reencuentros; con la muerte no hay reencuentro. La muerte sí que es una putada, digan lo que digan. 
 

¿Cómo ha sido vuestro Agosto?¿qué tal está siendo la vuelta al cole?Y como siempre, tus comentarios sobre todo lo que te ha sugerido el post. Sobre todo lo que quieras compartir
 
Fotos:Estrógena y sus Burbujas.
 

4 de marzo de 2012

De finales, de conversaciones y de reencuentros...

I Wish I Knew (How It Would Feel To Be...) by Nina Simone on Grooveshark(con este mensaje y esta música todo parece un poquito mejor)


A veces los finales se acercan de puntillas y silenciosos, truncan la historia de repente. Otras, envían avisos de llegada, que no siempre vemos o queremos ver. El caso es que los finales llegan, nos abrazan y entonces creemos morir. O renacer. Según el caso. Necesitamos justificar qué sucede para explicarnos a nosotros mismos porqué nos está doliendo el alma ahora mismo. Es la necesidad de mirar atrás, de hacernos preguntas y encontrarles respuestas; de reconstruír la historia para poder hacer el duelo o la fiesta merecida. Para poder cerrar esa fase: emergiendo de nuevo, si es posible o, dejando que aquello naufrague definitivamente. La necesidad de dejar atrás esa etapa a la deriva transitoria e interrogante que se tambalea entre el reencuentro o el definitivo adiós.



Hay conversaciones esclarecedoras, que de repente... uuuuuuuuuuuuuuuuuu... impactan en tu mente y, se cuelan hasta lo más profundo de tu ser. Capaces de hacer clic para que salte el resorte, se produzca el giro y entonces, ver de forma clara la senda a seguir. Inesperadamente surge una señal que te indica la dirección. Se resume un mensaje en el aire que llega desde el otro lado, tras una larga conversación llena de escucha, de vaciado de escombros, de apoyo y perspectivas renovadas, y de risas que ponían a todo aquello un tono más claro: "Tú sabes que siempre me tendrás aquí, sin límites. Te quiero mucho, lo sabes." Cuelgo el teléfono con la sensación mitad alivio, mitad agradecimiento. Gracias a Nosequién por habernos cruzado en esta vida. Gracias, gracias, gracias. Son esas conversaciones que te encuentran contigo mismo, porque esa persona que hablaba ha dejado mucho en mi, y también se ha llevado algo de mi mejor parte. Por eso sabemos dónde encontrarnos por mucho que el tiempo pase, por mucha distancia que nos separe. Nuestros códigos nunca se dispersan. (y se escuchaba al corazón saltando, "viva, viva, viva!")



Los reencuentros tienen lo especial de poder transportarte, de llevarte a lo esperado o a lo inesperado. Los reencuentros tienen algo de la última vez, el punto de referencia, y por supuesto, de lo nuevo, el aquí y ahora frente a frente. Decía: "Tienes los ojos de llorar, yo no los recordaba así". Encuentros que son sorpresas o encuentros que son planes. Tras las miradas que se encuentran a lo lejos, las sonrisas que se saludan mientras se acercan y, el enorme abrazo anticipado desde el aire, ahí los relojes se estancan. Comienza una conversación que se prolonga ajena a todo lo demás, capaz de llenarlo todo. Definitivamente el tiempo parece haberse detenido. Todo se va aclarando, tomando forma. La risa sacude el alma. Hasta el color de estas letras se va aclarando a un gris cada vez más claro... Hay encuentros que te encuentran contigo mismo.



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