Una versión clásica de un tango lleno de recuerdos...
Os decía la semana pasada que me iba buscando un stop, a disfrutar de una merecida desconexión, sin más. Necesaria tras ese Marzo que fue más que vendaval y que ahora siento tan lejano, quizás por todos los acontecimientos y, sobretodo por esta semana que ha servido de verdadero muro a todo aquello, y también de enorme renovación. Ha sido recolectar ímpetu para emerger con ganas. Estoy de vuelta, ya adentrada en Abril y con muchas ganas de un Abril calmado, quizás si lo deseamos tanto, lo conseguiremos. Y yo les decía ayer que "Vienen buenos tiempos".
Llegaron las blusas ligeras que esperaban pacientes a que el sol saliese y a que el termómetro subiese. El hábitat se transforma, tanto que hasta he cambiado de vecinos. He avisado: voy a llenar la casa de flores porque sí. Maravillosas visitas llegaron para transformar mi gesto y mi aura. Aparecieron desayunos sorpresa, improvisadas comida-merienda-cena, sofá para hablar y para llorar (pero llanto del bueno), sesiones de belleza, lecturas compartidas, nuestros repasos musicales de antaño. Sintámonos en casa, con una escasa chaquetilla de lana celeste, de esas prendas nuestras y sólo nuestras que nos recuerdan que estamos en casa y a salvo.
Salió el sol y hubo tiempo para momentos de playa sin más preocupación que a dónde orientarnos, cual girasoles. En la arena también caben los retratos espontáneos, y en el aire olor a crema solar. Me regalan aceite de argán auténtico con el que podremos investigar en nuevas mezclas(gracias. Deleite a los sentidos.
La pastelería que hace los mejores croissants del mundo mundial. Lleva por nombre París, con esa nomenclatura crea grandes expectativas que, por supuesto, se cumplen hasta el final. Han pasado los años, sin embargo continúa trayéndome recuerdos de infancia. Las mismas calles que se vuelven diferentes por esquinas, pero en el fondo las mismas calles cargadas de recuerdos, y allí sigue mi París particular.
Ya es primavera en el cielo, en las nubes, y en un árbol que ha decidido florecer. Me llega hoy una imagen-mensaje muy relacionada con esta: "Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos". Al leerlo he pensado que mientras queden personas que envíen esos versos, y personas que los reciban (y sepan admirarlos) Neruda no habrá muerto.
Era la semana de la pasión. Y admirando el ambiente, con mi agnosticismo a parte, sentí que dá igual si
Buda, Dios, Alá o Santa Clara. Al final, lo que mueve es la fé. No me refiero a la fé cristiana, sino a la
esperanza de quién cree que queda aún algo por hacer; que aún le queda, al
menos, un sueño por cumplir. Lo bello es saber que todavía hay
gente aferrada a la confianza de que llegará la luz, que mañana se
levantarán y no se dejarán dormir simplemente porque tienen la fé.
Simplemente porque aún tienen un deseo por realizar. Entonces, pongámosle
pasión.
Volvía a casa de madrugada bajo una enorme luna llena pensando en mis últimos días. En aquella Tuti que se convertía en Lucía y que, en el fondo, no ha dejado de ser esa misma pequeña. Cuántos recuerdos, como flashes de todas las épocas de mi vida, algunos muy lejanos y sin embargo, los sentía tan, tan cercanos que podría decir que sucedieron hace semanas. Han pasado los años, ha habido miles de cambios pero a la vez todo sigue igual... Aunque falten copas por la imagen, brindemos por los viejos tiempos. Y por todos los que están por venir.
Durante la desconexión había que disfrutar de los placeres del cuerpo,
buena comida, mejor compañía. Familia y más familia con mimos y más
mimos. Un cumpleaños del que ya os hablé. Unos mojitos que dieron para mucho. Por supuesto ha habido música, mucha música. Y unos paseos en bici porque quién dijo que las bicis eran para el verano era porque no contempló que en primavera son espléndidas.
Una margarita que no tiene dudas se apoya entre unos dedos con uñas felices. Y decía, ¿me quiere? ¿no me quiere? el sol dijo: "a mi me ha pedido, en secreto, que hoy brille un poco más para ti".
Entre niños regresaban bocadillos de aquella Nocilla que tanto me recordaban a la infancia, a pesar de no ser mi preferencia en aquel momento. Estoy mostrando una parte que me deja en el lugar de una verdadera golosa, y no es así, pero últimamente mi cuerpo pide azúcar y chocolate sin parar. Y al cuerpo, a veces, hay que darle lo que pide y no preguntarle por qué.
Hablando de chocolate y azúcar me encuentro una tienda con mucho encanto que guardaba diferentes chocolates, con cuidado packaging, galletas con formas que imprimían ternura. Al fondo, unas escaleras conducían a una parte trasera y escondida dirigida a los más pequeños, con libros, juguetes, peluches, disfraces... El tesoro siempre se encuentra escondido, y este era un verdadero lugar-tesoro, también para esos que aún tenemos al niño dentro.
Y sobretodo amor, porque uno a veces necesita dejarse querer. Uno a veces necesita armar esa desconexión desde el afecto, saber con quién perderse para poder encontrarse mejorado. Y esto no hubiese sido posible sin esos en los que ahora pienso (les dedicaré otro post porque se lo merecen más que mucho) Nada de lo verdaderamente importante ha cambiado, por eso os quiero tanto. Me he rodeado de los mejores...
¿Cómo han sido tus días?¿Ha habido desconexión?¿Hemos coincidido en alguna parte? Cuéntanos la tuya...






























