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8 de diciembre de 2011

Un año se despide para comenzar otro...

El tiempo se derrama constante e inexorable, mientras nosotros hacemos intentos por aceptarlo y comprenderlo. En veintitrés días comenzará un nuevo año, un año más que será feliz e infeliz; será igual, mejor o peor que el que se agota; o quizás las tres cosas. Me refiero a que el año que empieza, el 2012, será prefecto e imperfecto a la vez. Como lo ha sido este, y el 2010, y el 2009, y el 2008… Sí, porque así es como sucede la realidad: un continúo entre el blanco más blanco y el negro más negro que ocupan mezclas de grises además de sumarle el color del cristal con el que cada uno mira.

La vida con todos esos altibajos y revueltas mientras cada uno lleva su historia bajo el brazo, como una libreta llena de notas que sólo nosotros mismos sabemos leer mejor que nadie, aunque no siempre lo parezca.

Pasamos por todos los estados emocionales posibles casi a diario. Me levanto pesimista, de ocho a diez de la mañana, pensando que es horrible madrugar, ir al trabajo, salir ahí fuera, adetrarse en el mundo; luego, de diez a doce soy optimista ya sumergida en mis tareas, con el tímido sol de invierno que se hace paso entre nubes, valorando que la mañana ha sido provechosa y visualizando la tarde como algo lejano en el que parece que todo tendrá cabida; de doce a tres vuelvo a ser pesimista no encontrando el hueco en el que comer, quizás alguna reunión incrustada y sorpresa, ya estando inmersa en la tarde, con el sueño propio de las tres, y con las ganas cero de las tres; de tres a seis soy optimista de nuevo, emprendiendo la segunda parte del día que pasa ajetreado, pensando que hoy terminaré antes y todavía quedarán horas para ser gastadas como yo, y sólo yo, decida; de seis a ocho soy pesimista, con la noche temprana, viendo frustradas las ideas anteriores, y sabiendo que hoy me retrasaré en la cita conmigo misma; de ocho a once soy irremediablemente optimista poniendo feliz colofón al día, en contacto con algunas de mis burbujas, con la cena compartida, pulsando el botón para eliminar todo lo que no me ha gustado, y planeando un mañana perfecto, que no se cumplirá pero dá igual, es mi momento optimista. De once a una soy pesimista viendo como se ha escapado el día, vislumbrando expectativas imposibles en mañana y pensando que queda un eterno pasillo hasta la cama. A pesar de eso, hay segundos optimistas dentro del pesimismo. Por eso para hacer balance debemos darnos plazos, la recompensa no se verá hasta que ha pasado cierto tiempo. Y vivimos en el tiempo en el que casi nadie tiene paciencia, se desean (y se exigen) resultados ya, aquí y ahora, y eso, desafortunadamente, no siempre es factible. Así que pasamos de la alegría al llanto, de las risas a las lágrimas con la misma sencillez que a un anuncio de ayuda humanitaria al tercer mundo, le sucede otro que promociona Gran Hermano, o ése todoterreno que salpica moda, el que surcará las adversidades del asfalto para salvarnos. Pero siempre pasa algo, siempre hay algo que nos arruina el día; o nos lo resuelve.

Tu mujer te dice que te quiere, pero haces un esguince; te pagan lo que te deben, pero pierdes la cartera; acabas de pagar la última letra del coche, pero te sube otra vez la hipoteca; te deja el amor de tu vida, pero al doblar la esquina conoces a la persona más maravillosa de la tierra. Y así, día tras día hasta que ya no existen vicisitudes, hasta que la existencia se va diluyendo en la noche más eterna, llena de calma. Se apagan las máquinas   que nos sirven de vínculo con la vida y ya sólo se escucha un pitido agudo y continuo que anuncia el final.

31 de diciembre de 2009

ADIÓS...


Adiós. Camina hacia nosotros el momento de decir adiós. Está de camino la despedida definitiva. Las despedidas se adelantan o se posponen,pero son como el invierno, aunque tarde siempre llegan. Aunque el adiós no es necesario que llegue encadenado a lo negativo. El adiós conlleva el final de una etapa para comenzar otra, ¿y por qué no va a ser esta mejor que la anterior? Ahora toca la despedida del 2009. Decir a un año lleno de buenos momentos, de muchas ilusiones hechas realidad, de muchas metas cumplidas. Y es dulce y amargo a partes iguales. Emoción es lo que surge al repasarlo y verlo desde el final. Este 2009 ha traído de todo un poco y yo le he puesto todo el color que he podido. Un trabajo en el que poder desarrollarte como profesional y como persona. Gente nueva en mi vida, con la que he crecido, me he vuelto a hacer pequeña, he descubierto de nuevo la ternura, la doble cara, la amistad, la risa... Pero la risa de esa sincera que te hace sacar de dentro todos los malos pronósticos. He viajado a lugares ya conocidos y, a otros desconocidos, que unos me han gustado más que otros, pero de todos me he traído buenos recuerdos en la maleta. He intentado hacer más deporte del habitual, algo que habrá que seguir trabajando... Aprendí a coger aire cuando llega el huracán, a hacer un huevo frito de película, a no tenerle fobia al ruído con el que me solía despertar(esa alarma pipipipi,pipipipi,pipipipi...), a estirar más mi impaciente paciencia. Me he adentrado más en el mundo del DYI y las creaciones propias. He ganado coherencia en los derroches. He perdido vergüenza en los descaros. Sólo se han quedado en el tintero un par de tareas de la lista propuesta para el 2009, valorándolo por encima algunas serán las primeras del 2010, otras quizás sean descartadas. Aseguré que sería el año en el que "Comer cuando tenga hambre, beber cuando tenga sed y dormir cuando tenga sueño" y, básicamente ha sido eso. He hecho sentir importantes a los que realmente lo son, decirles cuanto los quiero a los que me rodean. He "ritornado" a la Italia, como cada año, y he vuelto con ganas de más. He pasado unos inolvidables Carnavales, una Semana Santa sin cristianos y,un verano viendo el sol desde distintas ciudades, llegando a diferentes playas y el mismo mar. Destiné parte de cada día sólo a mi, a la soledad abrazada, al ritual de las cremas, a desconectar del mundo que hay tras la ventana;y me he encontrado conmigo,ni más guapa, ni más callada, ni más alta, sigo siendo yo. Intento que la pereza no me venza por las mañanas, que mi lengua a veces no salga disparada a parar lo que acabo de oír, a no darle más vueltas las mundo de las que ya tiene, pero ya lo he dicho, sigo siendo yo misma. Me reí, lloré, soñando me quedé dormida y entonces desperté. Viví. Este ha sido, por encima de todo, un año bien vivido.

30 de diciembre de 2009

Un nuevo árbol, el mismo mar

El año que viene quizás que no ponga árbol de Navidad, "ooooooohhh..." dicen todos aquellos votantes de la época feliz del año. Todavía queda un año para decidirlo pero si lo hago me gustaría que fuese distinto, auténtico, mezclando tradición y modernidad a partes iguales, y sobretodo, con mucha imaginación. Este me ha encantado, formado de post-its para escribir, algo que me representaría. Notas de diversos colores para dejar mensajes, un árbol lleno de mensajes en los que recordar los mejores momentos del año que se despide; mensajes en los que pedir deseos para el año que entra; mensajes en los plasmar un pedazo de un texto que has descubierto durante el año; mensajes para decir adiós a todo lo que no quieres que vuelva; mensajes para ver tu año esquematizado y, quizás entenderlo mejor; mensajes en los que dibujar una risa y ver cuanto hubiese cambiado el momento si lo hubiésemos dibujado a tiempo;mensajes en los que escribir una y mil veces alegría para que se quede contigo todo el año; mensajes para todos esos que se han ido este año y vean que una rama del árbol es sólamente suya. Un mensaje para todos aquellos que han perdido la esperanza piensen ¿qué sería esta vida si no tuviesemos el valor de intentar algo nuevo? Yo quiero un árbol lleno de imaginación. Un espejo para reflejarse, luz para iluminarse y notas para encontrarse.

El 2009 a punto de decirnos adiós. Un maravilloso año se va para no volver, aunque tampoco me gustaría volver a vivirlo, quizás porque no me gustan las segundas interpretaciones, quizás porque espero que el 2010 sea todavía mejor, o quizás porque sé que traerá novedades. Nuevas cosas por aprender, nuevos lugares que visitar, nuevas metas que cumplir. Nuevos tiempos, como rezaba un perfecto disco de pop. Mientras el mar sigue meciéndose, olas que vienen y van, ninguna igual a la anterior ni a la siguiente. Un mar azul cobalto como el de los días de invierno, violento y ruidoso. Un mar azul gris como el de las primeras horas de las noches de octubre que parece silbar en silencio, quieto y sin olas. Un mar azul brillante como tus ojos cuando empiezan a llorar, con el sol de frente y encantado de verse tan joven. Un mar azul tan claro que parece pintado con acuarelas. Este mar azul. Este mar mío. Y es que de cuántos secretos es dueño el mar...
Una ola comienza su regreso. Ha salido el sol entre la lluvia y algo bueno se avecina. Este va a ser un buen año. Confío en él, confío en mi. Sé que traerá algo bueno. Esta vez lo sé y ni siquiera es necesario oirlo de otra boca. Simplemente lo sé.

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