29 de julio de 2015

Yo no voy a decirte adiós

Esta situación está siendo más fuerte de lo que jamás hubiese pensado. ¿Cómo te despides de alguien a quién no volverás a ver jamás? ¿Cómo se digiere una muerte de alguien que médicamente está todavía vivo? Se me hace tan extraño estar aquí, en el sofá, pensando que una máquina te hace respirar mientras "duermes" profundamente. Ya no volveremos a vernos. Y cómo pesa esta frase, dura y rotunda. Pero yo no voy a decirte adiós, yo quiero recordarte. Porque a la muerte sólo se le gana luchando contra el olvido. Ahora tan sólo nos queda esperar al último latido. Qué espera tan vacía! Y es que, qué se espera cuando no se espera nada? ¿cómo espera uno la muerte de alguien querido? Todos nos moriremos, obvio. Otra cosa bien distinta es que lo tengamos presente. Pero más que la muerte propia, la muerte ajena cuando es de alguien a quién queremos se vuelve una espera corrosiva y angustiosa. Sobretodo cuando sentencian que será cuestión de horas, las horas justas hasta que el silencio anuncie el fin de fiesta. Y así estamos, esperando. Alguien espera en calidad de hija, y yo pienso: ¿cómo se despide a una madre? ¿cómo esperas las horas sabiendo que ya ha terminado? ¿cómo uno traga la última mirada de la persona a la que más ha querido? Y si ya la situación es agreste y lacerante, ¿cómo se siente una sumergida en todo esto mientras en su barriga se gesta otra vida, la de otra de las personas a las que más querrá en toda su vida? La vida y la muerte encontrándose en el pasillo. Qué lástima y qué rabia que sus dos grandes amores no puedan llegar a conocerse. 
Y estaréis pensando de quién hablo. Hablo de Tere, la que fue durante muuuuuchos años parte clave en mi casa desde que yo levantaba medio metro del suelo. Se encargaba de que el parquet brillase como si viniese a visitarnos un Nobel; que el salón tuviese ganas de vernos; que la nevera se mantuviese rellenita; que la comida tuviese el punto justo; que yo llegase a tiempo al colegio… Y que volver a casa tras un día malo fuese menos malo. Llegó para ser mi niñera pero se le quedaba corto. Es una de esas personas que sabe cuidar a los demás, y lo hizo mejor que bien. Los que saben cuidar de verdad son cuidadores por siempre. Quizás por eso, aunque crecí siguió siendo mi nanny. Lo cierto es que conectamos desde el primer momento, y más allá del tiempo siempre vi en ella el cuidado con mimo y ella en mi a su pequeña Tuti con el lazo en el pelo(como confesó hace un par de meses). Tengo mil recuerdos revoloteando en mi mente, han sido tantos años… Y es que quién está en tu hogar, quién vive contigo el día a día, estación tras estación; quién te peina aunque no vayas a salir a la calle; quién te deja mensajes en el contestador cuando tienes cuatro años sabiendo que te hará la ilusión del siglo tener un mensaje como tienen "los mayores"; quién te compra confeti (nadie se imagina los kilos que ha podido comprarme a lo largo de todos estos años)sólo para celebrar que hoy era hoy; quién juega contigo sin apetecerle pero no consigues notárselo; quién sabe olerte el miedo y logra espantártelo; quién custodia tus secretos confesados más que cualquier diario… Con alguien así es imposible no sentirlo tuyo, imposible no darte. Por eso hoy siento que se apaga una parte de mi. Sin duda alguna, si hubiese otra forma en la que nos volviésemos a encontrar haré lo posible para que vuelvas a ser mi nanny. Nos buscaremos y sobretodo, nos encontraremos. Sabremos reconocernos porque hay códigos que nunca caducan: llevarás confeti en el bolso y yo un lazo en pelo. 




  

15 de julio de 2015

Feliz verano. O no.

Estamos ya en pleno Julio, y deseo de veras que estéis teniendo un buen verano. Que tiene la misma importancia que tener un buen otoño o un buen invierno, nada más. Ni nada menos. Sólo que ahora hace sol, vamos ligeros de ropa y nos ponemos sombrero, nos dejamos caer por las playas en multitud, dormimos con la ventana un poco abierta, vemos como el día se estira y se estira… Y algunas cosas más pero, todas accesorias. El tiempo es el mismo, sólo que este es más llamativo, más colorido y con más luz. Y si a eso se le añade que es la época de vacaciones por antonomasia, entonces se vuelve obligatorio ser feliz. Parece que el verano se ha inventado para tener un deleite continuo, y esto no es cuestión de estaciones aunque esta nos lo ponga más fácil (hay que reconocerlo). Todo el mundo mostrando fotos del mar, de sus siestas en el jardín, piestureos y más piestureos, los tintos de verano al terminar el día, los cielos de las noches de verano, los festivales, más playas, helados de todas las formas y colores imaginables, sandías y más sandías, flores de colores, y más fotos de más playas a diferentes horas del día… Sí, señores, hay playas de sobra para tantos millones de fotos, y sino usaremos la misma desde diferentes perspectivas.
Parece que todo está preparado para la vida Pinterest, esa web llena de fotografías de cosas bellas, delicadas y primorosas ya sean meriendas, ramos de flores o salas de estar. Y así, de paso y como de forma contigua, ya no hay hueco para los que están en casa porque no tienen una playa cercana; para las mamás que tienen el sofá manchado de potito y su peinado es un "no peinado"; para los que se pasarán la hora de la siesta trabajando con este calor; para los que tendrán que cambiar la terraza por el hospital para visitar al abuelo; para los que están viviendo una ruptura amorosa con la habitación igual de revuelta que el corazón; para los que han sido despedidos y dejan de tener vacaciones pagadas para tener vacaciones adeudadas… Y así, mil vidas más. Sin duda, menos glamourosas, atractivas y delicadas, pero con un extra de realidad. Y sí, existen aunque no se promocionen, lo que pasa es que en verano son más llamativos entre helados, flores y playas. Y también más ocultos. Y por eso se merecen aquí un hueco. Y un aplauso. Muy, muy grande. 

22 de junio de 2015

Salvavidas

Estoy escuchando una de las canciones que me recuerda a una de las épocas más tristes de mi vida. Hace una preciosa noche de este recién aterrizado verano. Ha llegado con toda la energía del mundo, viene contento y se nota. Las noches de verano merecen un post aparte; creo que deberían de ser algo así como un patrimonio de la humanidad para cuando esta humanidad no exista, o para cuando los veranos ya no sean veranos sino verdaderos asadores. Contarles a los que vengan después qué era exactamente aquello a lo que llamábamos "noche de verano". Pero ahora, vuelvo a la canción y a lo que trae consigo. La música siempre ha sido medicina para mi, capaz de sacudirme, zarandearme, abrazarme y dejarme volar. Tenemos cientos de canciones que nos han acompañado y otras tantas que se habrán quedado con nosotros. La canción de cuando éramos pequeños e íbamos con el abuelo en el coche; algunas que han sido incapaces de ser escuchadas durante mucho tiempo; la que nos recuerda a aquella navidad tan feliz como fría; con la que nos enamoramos, con la que lloramos una y otra vez de tristeza y de felicidad por todo lo que nos evocaba; o el tango que ponía el abuelo en el tocadiscos mientras sonaba de lejos "Volver… con la frente marchita…". Hay tantas y tantas… pero hay algunas tan particulares y tan personales, que traen tanto de nosotros que las sentimos nuestras. 
A mi esta canción, y algunas más, me evocan una época concreta y difícil. Triste. Como si una tremenda tormenta estallase y de repente, una tierra baldía e inmensa fuese el escenario para vivir. Recuerdo que los días nacían sin espíritu y se hacían largos, sucedían con sus más y sus menos, entre angustia y apatía. Todo parecía (y se hacía) tan complicado que la única meta era el fin del día, el momento de cerrar el telón. Lo recuerdo perfectamente, volver a casa en busca de ese momento. Mi casa, mi habitación, una infusión, la luz de la mesilla y esta lista de canciones que ahora escucho. Parecía que estuviese en una estancia blindada de malas vibraciones, era sentir un atisbo de paz. Había llegado a la meta, se había terminado el día. Un día más. 

Las canciones que nos han salvado merecen un lugar especial. Han estado en esas épocas o momentos difíciles y han sigo capaces de darnos una tregua. Escucharlas de nuevo trae muchos recuerdos… Es ver los días tristes desde lejos, y la verdad, la tristeza gana en las distancias largas. Las canciones que nos han salvado en algún momento son como ese bote salvavidas: te recuerda el naufragio pero también la salvación. Nosotros, como esas canciones, tenemos que ser capaces también de darnos una tregua; mirar con perspectiva y aprender que ante aquello también encontramos la forma de superarlo. Las malas épocas han existido y existirán siempre; el problema no es una mala época sino nuestra actitud ante ella. No encontrar nuestra propia salida de emergencia es peor que cualquier mala época. Por mala que sea. 

¿Alguna canción que entrañe tanto para ti? Unas que os encanten, otras que os conmuevan, otras que os despierten… Y claro, las que os hayan salvado. Compartamos en el sofá :)

13 de junio de 2015

Celebrando la vida (con treinta)

Madres de amigas que regalan flores frescas para celebrar las treinta primaveras. Y amigos que me conocen muy, pero que muy bien, los regalos hablan por sí solos.  
Ya están aquí y para quedarse. Las treinta primaveras han llegado sin darme cuenta. Muchos me advertían de cómo pesa el cambio de década, de cómo a nivel mental uno se siente mayor de repente… Y yo, la verdad, me siento igual que hace dos semanas o dos meses. Quizás, en veinte años me pesen más las décadas pero ahora mismo… todavía no. El día 4 lleno de felicitaciones desde las primeras horas fui consciente. Treinta. Las celebraciones se han ido prolongando durante varios días, soplando velas diferentes y sí es cierto que se me ha quedado el poso ese de..."pero ya treinta?". Las celebraciones se terminan y yo todavía no soy consciente de cuántos años tengo. Y me da igual. Cada día tengo más claro que la edad es algo mental. Obvio que el cuerpo (y la mente) van desgastándose, pero también que nosotros determinamos la edad con nuestra actitud y nuestro ánimo. Podemos cambiarnos la forma de la nariz, estirarnos las arrugas, implantarnos unos dientes más perfectos, subirnos los pechos… La cirugía está al servicio de una sociedad que promociona y premia la eterna juventud. Y me parece maravilloso que todo ello sirva para que cada uno se retoque lo que considere. Pero eso no implica rejuvenecer. La edad la define el brillo de los ojos y, a día de hoy, todavía no existe una intervención quirúrgica para rejuvenecerlo.
Hubo varias velas en las que fui soplando deseos mientras distintas gargantas alrededor fueron cantándome "cumpleaños feliz". En realidad, el cumpleaños es una buena excusa para celebrar con los que más quieres y contigo mismo. Celebrar la vida. Llegan mis personas favoritas cargadas de buenos deseos, abrazos de oso, risas, comidas y cenas juntos con sobremesas que se prolongan. Brindis y más brindis por un año más. Tenemos todo lo necesario para celebrar y para seguir creando nuevos recuerdos; y ese es el fin de una buena vida: llegar al final con una inmensa colección de buenos momentos. Fue inevitable que durante el día no me acordase una y mil veces de mi arquitecto de lados incorrectos. Este mismo día que yo cumplía treinta primaveras hacía dos que él se había ido, también con treinta. Y fue de nuevo imposible que cuando las luces se apagaron las lágrimas no corriesen mejilla abajo como si de una carrera se tratase. Sentí durante todo el día un sentimiento ambivalente: feliz y afortunada por todo y por tanto; y triste por el vacío dejado y por una partida tan temprana. Pero quizás, era también el motivo más pesado que me empujaba a celebrar la vida, a vivir el momento como él lo haría y lo seguiría haciendo. Recordar de nuevo que esto termina en el momento menos pensado y sin vuelta atrás. Así que nos hemos pintado los labios, las uñas, las pestañas y el alma. Nos hemos puesto guapos para la foto y una cámara llega para inmortalizar todos los momentos que merezca la pena recordar. Y muchos libros, para ir muy lejos sin movernos de este sofá para hablar.

Gracias, gracias, gracias. Por todo y por tanto. 

2 de junio de 2015

Sicilia y mis 30 primaveras

Cada año celebro mi cumpleaños en un lugar diferente. Cada primavera, un viaje para celebrar la vida. Los treinta no podían ser menos, y esta vez el destino era Sicilia. Se proyectaba una semana en la isla italiana recorriendo los pueblos, descubriendo las playas, disfrutando de su gastronomía deliciosa, desconectando para recargar energías... 
Llegamos a las 17:00 a Palermo con el cielo algo nublado, con un Fiat 500 recorrimos la autopista y una carretera que bordeaba las montañas del centro de Sicilia. Llegamos a Catania al anochecer, allí estaríamos los primeros días visitando toda la parte oeste. Buscamos sitio para aparcar y subir al hotel, sabíamos que estábamos cerca pero por un momento no nos encontrábamos en el mapa. Seguimos hacia arriba, estábamos a unos 200 m. del centro de la ciudad sorprendidos de lo sucio que estaba todo, de las casas completamente en ruinas, de la pinta de los transeúntes... Uno de esos lugares feos, pero la ilusión nos llevaba a pensar que a la mañana siguiente seguro que lo veríamos todo de otra forma. Bajamos aquella calle oscura cuando de repente un hombre subido a una moto nos hacía el gesto que parásemos, como si más adelante hubiese ocurrido algo. Frenamos un poco y sin darnos cuenta, en un segundo ya había un coche atrás bloqueándonos, y dos hombres armados: uno abría mi puerta queriendo sacarme del coche mientras otro abría el maletero para coger nuestras maletas. Al abrir mi puerta arrebató mi bolso, que estaba en el suelo del coche. En cuestión de segundos el miedo nos oprimía, gritamos, y un acelerón nos valió para salir a toda velocidad con el corazón en la garganta y las puertas y el maletero abiertos. Nos escapábamos sin saber a dónde. De noche, perdidos en una ciudad sucia, oscura y desconocida, tras un atraco en el que nos robaron prácticamente todo, buscábamos ayuda desesperados mientras la poca gente que había miraba a otro lado. Nadie quería inmiscuirse. El tabú de la mafia en el ambiente, nadie quería hablar, ni ayudar. Y todos coincidían en lo mismo: "esto aquí es algo normal". Frases del estilo: "aquí no se puede parar nunca el coche", "teníais que haber acelerado, no importa matar a quién te para sino te matarán ellos a ti", "habéis tenido suerte, estáis vivos", "esto es la mafia, no se puede hacer nada"… La policía fue la que dio el punto más corrupto a todo esto. Cuando relatamos lo sucedido se miraron uno al otro e hicieron el gesto de "ah, ya sabemos quiénes son" y nos dijeron: "bueno, esto es así y hay que dejarlo como está". En ningún momento quisieron tomar huellas en el coche, ni volver a la zona por si habían tirado algo (no teníamos ni las llaves de casa). La denuncia era un papel que nosotros mismos tuvimos que cubrir y cuando llegamos a España nos explican que aquello era papel mojado: no tenía ni registro, ni número de atestado, ni número de placa del policía. Lo que sí, mientras nos llevaban a comisaría el policía no dejaba de mostrarnos los lugares de interés: esto es la catedral, aquí se come de maravilla, esto es el mercado, en este lugar genial para beber… ¿Usted cree que me importa todo esto después de lo ocurrido? Estábamos desesperados. La policía nos explica que el modus operandi siempre es el mismo: una moto te bloquea el coche, salen otros para robarte todo y te sacan del coche como rehén mientras a la otra persona le obligan a sacar todo el dinero de las cuentas, y sino… lo arreglan como consideren. Entonces la policía nos dice una vez más: "Tranquilos, lo demás es dinero, pero estáis vivos y no os ha pasado nada grave. Habéis tenido muchísima suerte. Esto es no es lo normal". Estábamos sin palabras, muertos de miedo, llenos de rabia por ver como nos lo habían arrebatado todo, ansiosos por volver… La peor sensación jamás vivida.

Era increíble, nos habían robado todo, planeaban un secuestro exprés, no teníamos casi nada y allí todo el mundo sorprendido porque nos queríamos volver antes de terminar el viaje. ¿Cómo disfrutar después de algo así? Volver a casa era el único deseo. Y todavía quedaban las miles de vueltas e impedimentos para poder salir del país porque tampoco teníamos documentación. Por fin, tras horas de vuelo, escalas, cansancio, tristeza, el miedo todavía encima, agotamiento, nervios… Por fin estábamos de vuelta en casa y sin creernos del todo lo que había pasado. Y ahora sí, de vuelta y con más motivos todavía para celebrar otro año más. Más que nunca celebrando la vida. 


"Viajamos para cambiar, no de lugar, sino de ideas"
Hipólito Taine

4 de mayo de 2015

Un Abril y algo más

Más de un mes que no me siento en este sofá para hablar. Un mes que se ha pasado volando, como vuela el tiempo cuando estamos en paz. Y aquí unos pedacitos de lo que ha sido... 

Este Abril ha traído un viaje a Portugal, llegando hasta Lisboa para dejarnos perder por sus calles llenas de encanto. Siempre nos lo pasamos tan bien en esta ciudad... Acogedora, decadente, llena de miradores que invitan a parar, en continua renovación sin olvidar sus orígenes. Aquí os dejo dos fotos, una de una de sus librerías más increíbles y la otra de un rincón en un café con una frase llena de verdad. Y es que en un segundo pueden pasar tantas cosas...
Abril ha traído momentos de relax, mediodías en el jardín bajo el sol. Siesta y libro. Dejándome ir con la tarde de la mano. Y limonada con hierbabuena hecha con mucho amor. Definitivamente es primavera, los días se estiran, el sol se asoma y nos guiña un ojo. 
Hubo también comidas caseras preparadas con ilusión por un foodie y una ayudante, para ser compartidas con personas bonitas. Y se prolongaban en la tarde y en la noche, con sobremesas que se alargan sin apariencias, sin máscaras; con esa buena energía que surge de forma natural cuando unos cuantos corazones están a gusto latiendo juntos. Entusiasta de momentos como estos, pero sobretodo muy fan de personas que nos hacen la vida más espléndida todavía.

En Abril hemos volado. Cuerpo y mente se ha ido elevando y nos hemos dejado llevar. Frida Khalo lo expuso muy claro: "Pies, ¿para qué os quiero si tengo alas para volar?" Podemos volar, de veras, sólo hay que dejarse llevar perdiendo la noción del tiempo y el espacio, sintiéndose liviano y teniendo como motivo único vivir con todos los sentidos ese momento; sabiendo que lo que está ocurriendo ahora mismo es algo único y de nosotros depende hacerlo propio y especial. Compartiendo un momento con alguien a quién quieres o haciendo algo con lo que verdaderamente disfrutas; cada uno de nosotros a nuestra forma, pero todos sabemos que hubo momentos en los que pudimos volar. 

Hubo celebración del día del libro, y uno de los que me he traído a casa comenzaba así. Creo firmemente en esta filosofía, en la idea de que siempre hay que arriesgar. Siempre. Creo que me arriesgo porque luego no soportaría la idea de pensar "qué hubiese pasado si...". De cualquier modo, es bueno, necesario y vital arriesgar para continuar mejorados. Cuando pasan los años uno está más arrepentido de lo que no ha hecho, de lo que no ha intentado, que de lo que ha hecho aunque no haya salido bien, aún habiendo perdido. Hay miles de motivos por los que hay que arriesgar.


Y para comenzar Mayo un concierto de Quique González en un teatro. Intimo, cercano y acogedor. Una gira en la que sale solo con sus guitarras y un piano, y sin repertorio planeado. Según va surgiendo y según el público va pidiendo, así va tocando. Todos estábamos totalmente entregados al momento. Increíble. "Tiembla, como si fuera la primera vez..." Porque a pesar de todos los conciertos vividos, verle en directo sigue siendo igual de emocionante. Muy grande!


Parte de mi Abril y un poco más se ha quedado desplegado por aquí, puedes llevarte el pedazo que más te guste. Y tus primeros días de primavera, ¿cómo han sido?

24 de marzo de 2015

Obligados a ser felices

Este pasado viernes día 20 de Marzo se ha celebrado de forma internacional el día de la felicidad. Me quedo pensando en algo más allá de todo este negocio de lo feliz, que vino contrarrestando a todo el "momento crisis". Abrumados de tanto escuchar noticias grises llenas de recesión, depresión y quiebra, eran cada vez más los necesitados por oír algo diferente, notar aire fresco y ver que sí había algo distinto y opuesto más allá de todo ese tinglado que nos habían montado. Y así, vimos como surgían (y continúan surgiendo) sin cesar desde hace unos años recetas mágicas, teorías, frases que invaden desde camisetas hasta láminas pasando por bolsas de tela, libros y más libros... Y todo sobre ella: la escurridiza felicidad. 
La felicidad se entiende de forma diferente en cada cultura, y el concepto va transformándose a lo largo del tiempo. Antes, se entendía como que el más feliz era quién más tenía. El estatus  en la sociedad era la herramienta para identificarlos como felices. Tener una posición privilegiada en la sociedad llevaba implícito olvidarse del ocio, de la vida privada o del tiempo libre, momentos que cada vez más somos conscientes que repercuten directamente en nuestra felicidad. A la par, se aumentaba la cuenta corriente y todo el listado de posesiones. El verbo que se conjugaba era el de acaparar, quizás más con la idea de poder mostrarlo a los demás que con disfrutarlo uno mismo. Quedaba así patente la felicidad que todo aquello aportaba. Hoy el concepto se vincula más al ser que al tener, y esto también tiene su peligro. Ahora toca ser feliz sin importar cuales sean las circunstancias. Es algo que poco a poco queda impuesto de forma no escrita: hay que ser feliz en todo momento y lugar. Lo sentimos señores, pero no es posible. Ni sano. Esa felicidad sostenida en el tiempo sin importar los acontecimientos, esa vida maquillada sin estrés ni tristezas, sin insomnios ni preocupaciones, no es verdadera ni humana, ni atractiva. Es igual de desequilibrada para nuestro cerebro que lo sería una tristeza constante. No podemos pedir y ensalzar ese deseo imperioso de eliminar lo negativo hasta el límite. Hay que recordar que lo negativo es esencial para que exista lo positivo. La vida es así, imperfecta, desigual, emocionante, auténtica y personal. Con sus luces y sus sombras. Y para que exista la felicidad también tiene que hacer acto de presencia la tristeza.

Y tú, ¿qué opinas sobre este concepto de felicidad que actualmente vivimos?
Y lo más importante, ¿qué te hace feliz? 

5 de marzo de 2015

Mi querida Amsterdam

El pasado Octubre, cuando el otoño empezaba a hacerse hueco regresé, una vez más, a mi querida Amsterdam. En el primer post de este año os lo comentaba de refilón, no había tenido tiempo para pasarme tanto como me gustaría por este sofá para hablar e intenté resumir mis últimos e intensos meses del 2014. 
Ahora, con más de calma esparciré por el sofá algunas fotos del viaje, compartiendo con vosotros unos de los momentos de esta última escapada en soledad a una de mis ciudades prefieras, por no decir mi ciudad preferida. Amsterdam tiene algo tremendamente especial para mi. La primera vez que llegué la recuerdo como si fuese ayer mismo: llegué con un amigo a la estación central, estaba anocheciendo en un día de mediados de Julio. Estábamos rodeados de bicis, tranvías y arquitectura tan pintoresca como la de Amsterdam. Y le dije: "No sé porqué pero aquí volveré muchas veces". Y así fue, al año siguiente, y al otro, y al otro, y al otro... Y siempre tengo ganas de volver. 
Applee pie del Café Winkel, en la plaza de Noordermarkt. En el barrio del Joordan. Mi favorito. Los sábados hay un mercado de agricultores locales en los que encontraréis todo tipo de víveres de una calidad suprema. Leche, quesos, miel, frutas, verduras, flores, tartas caseras... Fue el dueño del Winkel quién comenzó la tradición, montando nueve puestos de comida biológica en el año 1987, con la idea de atraer más gente los sábados por la mañana. Hay mucho y muy buen ambiente. 
Entrando por esta puerta encontramos en su interior el patio de Raepenhofje, creado en 1648 por un judío para damas protestantes. En Amsterdam hay muchos "hofjes", grupos de casas con un patio interior destinados a los más necesitados, o en el que vivían mujeres solteras o viudas dedicadas a la oración y a las obras de caridad. Begijnhof es uno de los patios más famosos, data del 1460 y está en pleno centro. Hay otros como este, menos famosos pero no con menos encanto. En estos lugares parece que el tiempo se ha detenido. 
Aquí, en uno de los cafés de las Nueve Calles viendo el tiempo pasar. Quizás, unas de las calles más bonitas del mundo que acogen a unos paseando, a otros en bici, para ofrecer tiendas especializadas, vintage, diseño, cafés magníficos y acogedores. Y es que estas calles son pintorescas, auténticas y con un tremendo encanto. Un lugar del que no quiero irme nunca.
Quesos y pan con semillas. Goodies es uno de esos locales en las Nueve Calles en el que a cualquier hora os acogerán con buen ambiente para tomar algo delicioso. 
En esta esquina está uno de los lugares a los que siempre voy cuando estoy en Amsterdam. Small World es un lugar con nulo atractivo en un local pequeño, pero el agradable servicio, sus deliciosos bocadillos, su quiche, sus tartas, sus zumos naturales... Imposible no rendirse a sus encantos. Si hace buen día, su terraza es una alternativa acertadísima. La imagen con  esta bella dama en bicicleta me pareció que tenía que traerla hasta este sofá sí o sí. Era la elegancia paseando en bicicleta.

En bici por delante del museo de arte moderno Stedelijk mientras caía la noche. Cercanos están también el Rijksmuseum, el museo Van Gogh y el Concertgebouw, por la parte trasera. 
Una casa cualquiera, en una calle cualquiera. ¿Qué importa dónde exactamente? No hay cortinas en casi ninguna casa, dejando el mensaje implícito de que aquí no hay nada que esconder. Y como todo queda abierto quizás por eso nadie curiosea. Así los encuentras cuando termina el día: preparando la cena, leyendo, tocando el saxo, escribiendo, tomando una copa de vino, compartiendo el final del día con alguien... Ahora sí, las casas toman vida y se convierten en hogar. Entonces todo cambia... para mucho mejor.  

Es difícil, como decía, explicar todo lo que aúna Amsterdam y además lo que significa para mi. Pero yo me quedaría con la palabra paz. Es calma, silencio, acogimiento. Es sorprendente ver como estás paseando por una de las calles que supuestamente pertenecen al centro, y encontrarte solo, en completo silencio, abrazado por una sensación de paz. Amsterdam es eso para mi, además de  comer tranquilamente, de pasear en bici con el aire en la cara. Amsterdam es escuchar a Madeleine Peyroux con la ventana abierta que da al patio trasero de la casa. Amsterdam es   mercado, té frío y pastel de manzana en la terraza disfrutando del ambiente. Es vintage y el último diseño casando a la perfección. Es pasear, es parar porque sí, es inspiración, sonrisas, sueños que no despiertan. Amsterdam es sentirme en casa. Es energía de la buena buenísima. 


Y ahora, a soñar despiertos. 


Y para ti... ¿Qué es Amsterdam? ¿Cual es para ti esa ciudad que ocupa un lugar especial?

16 de febrero de 2015

Tras la tormenta...

A veces estamos tan atentos comprobando si vamos por el camino correcto, si lo estamos haciendo bien, si perdemos lo que hemos conseguido, si... Y atendiendo a todo ello se nos olvida disfrutar del viaje, incluso a veces se nos olvida si de veras estamos de camino a dónde queremos ir
Casi sin darme cuenta ha pasado un mes y medio de este 2015. Ha llegado intenso y veloz. Un poco asfixiante en algunos momentos, de los que me he evadido como buenamente pude. Me he encontrado entre la niebla espesa de Zamora un día cualquiera; he llegado a conventos convertidos en puntos de venta de multinacionales de moda. Me he montado mi oficina ambulante al borde de la galería del salón para recargarme con los rayos de sol de Enero. Horas y horas de trabajo que se volvían interminables. Y mientras, nos hemos tenido que encontrar (y soportar) a personas que nos aburrían mucho, pero mucho, mucho. Son esas cosas que nos absorben energía de forma brutal. 
 
Y para evadirme del aburrimiento y a la vez sacudirme la mezcla de apatía, agotamiento y opresión que iba acumulando, busqué luz y aire fresco hasta en lo más insignificante. Y lo hay. Os prometo que lo hay, sólo tenemos que buscarlos. Me distraje paseando por la playa en una mañana de domingo con el sol en la cara. Esa mezcla de sol y brisa marina fría en la cara es una sensación que despierta y renueva. Puse fin a la semana y al propio viernes cenando en un genial sitio con una estupenda compañía. De esas personas que traen aire y luz. Imaginé estrellas brillantes en el techo, porque nuevamente la vida nos dice que no importa si no existe algo, podemos crearlo. Si no podemos ver las estrellas, creémoslas. Me fui a soplar las velas y a cantarle cumpleaños feliz a una gran amiga que por más años que cumple la sigo percibiendo igual de joven que hace siete años atrás. Definitivamente, la edad está en el alma. Me senté en el que siento mi banco y con el mar enfrente dejé ir la vista hasta la línea del horizonte, dejándome perder en el azul del cielo y en el sol que se asomaba entre nubes blancas. Tengo gafas nuevas para comenzar a leer un nuevo libro ahora que el tiempo y yo vamos al mismo compás, y tengo el momento para poder leer con calma. Me regalaron flores, exactamente margaritas, mis preferidas. Olivia me ha echado una sonrisa, y sin ser consciente se me ha dibujado otra en mi cara. Porque a la vida hay que sonreírle y entonces, cuando menos lo esperes te devuelve la sonrisa. 
Feliz semana! Y no dejen de sonreír :)

Y a vosotros, ¿cómo os está yendo este comienzo de  2015?¿dónde encontráis vosotros aire y luz?

LinkWithin

Related Posts with Thumbnails