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9 de diciembre de 2012

UNA HISTORIA REAL: PARTE II

Between the Cheats by Amy Winehouse on Grooveshark
Hace meses traje hasta aquí una historia real, así llevaba por título, comentarios y visitas se acumularon en el sofá. ¿Nos gusta lo real?¿o es que lo real siempre supera lo ficticio? Sea como sea, la vida tiene ese punto mágico que nos atrae. Eso que la hace vida con todas las letras. 
"Un encuentro codo a codo con cristales de por medio"
"Esto es la vida misma. La vida termina haciendo que te encuentres con aquello que dejaste abierto una y otra vez hasta que lo cierres para bien o para mal. Así es" (dice una observadora)
"Líneas paralelas... que se bifurcan. Quién sabe si volverán a cruzarse" 
Hace unas semanas os traía un post sobre sueños e inconsciente.(AQUI el post completo) De cómo las cosas ocurren cuando deben hacerlo, ni antes ni después, sino en el momento que deben hacerlo, aunque a veces nos resulte difícil de identificar el porqué. Destino, casualidad, azar, causalidad, karma... cada uno lo designa con una palabra. Las cosas y los momentos. Y ahí, un sueño me lleva a una llamada.
"El inconsciente salió a relucir, quizás sabiendo todo lo que sé y sabiendo todo lo que ella ni sospechaba"
"Y te volví a soñar... y la llamé".
¿Qué relación hay entre un encuentro codo a codo con cristales de por medio y un sueño que provoca una llamada? Cientos de veces con el teléfono descolgado, sin marcar, y con la duda ahogándome: mantener la promesa del secreto; o darle la oportunidad a ella de que pueda despedirse de alguna forma, de ese arquitecto de lados de incorrectos ahora que nos dicen que esto se termina. Un sueño me lleva a la llamada que llevaba tiempo barajando. Despierto del sueño y la llamo, supe que aquel día era "el día". La llamada me remueve todos los cimientos, cava hondo dentro de mi. Me quedo digiriendo lo escuchado y lo sentido. Y es cuando siento que es el momento de escribir una carta. Una carta que pensaba que algún día escribiría pero no tenía fecha; en la que poder contar todo lo agolpado dentro de mi en estos últimos meses para los que sólo hay un adjetivo: intensos. Entonces, comencé a escribir sin parar renglones y renglones, varios folios en los que me quedé desnuda. Apareció la niña y la mujer; los miedos, las ganas, las ilusiones, las verdades ocultas por la vergüenza de que nos encuentren débiles. El perdón y las gracias. Con el tiempo uno entiende que todo ocurre por alguna razón. A veces, para sentirse liberado tan sólo es necesario dejarse llevar por ese que late sin parar para mantenernos vivos. Así me sentí al terminar. Así me dormí. 
Quince de Noviembre, primera hora de la mañana, un amable cartero me sonríe al preguntarle cuándo llegará la carta. Ésta partiría y su destinatario podría hacer con ella lo que desease: leerla hasta el final o parar en cualquiera de los puntos. Olvidarla en un cajón. No esperaba respuesta, tan sólo que le llegase, que pudiese saber todo lo que trajo su partida. Pero la respuesta llegó sin ser esperada, a veces una imagen en silencio puede contener todas las repuestas. Esa misma tarde el destinatario y yo volveríamos a encontrarnos, de nuevo con cristales de por medio. Miro a la izquierda, le veo. Tras todos esos meses sin ningún tipo de contacto, sin saber nada uno del otro. Mira a la derecha, me ve. Sonreímos, nos saludamos. No, tanta ¿casualidad? (cada uno que ponga la palabra que crea más adecuada) no puede ser posible. El sueño me lleva a una llamada. La llamada me lleva a una carta. La carta me lleva a un encuentro. Historias que hacen de esta vida algo auténtico. Historias para ser vividas. (o de cómo a la vida le gusta jugar al escondite).

¿Casualidad?Pongan su palabra y, como siempre, sus comentarios... 
¿qué se ha quedado por tu mente? 

22 de abril de 2011

Los bloggers tienen la palabra: PERDÓN




música aquí...


Perdón. Sí, perdón por no acudir a la cita de la semana pasada. Perdón por no llegar tampoco a la cita de esta semana en su debido momento, el martes, cuando los bloggers tienen la palabra. Perdón por dejar este sofá abandonado pero estuve a una velocidad de doscientos por hora en días que parecían tener más de veinticuatro horas y, aún así no tuve tiempo para pasarme por aquí, poder ventilar un poco esto y dejar la palabra colocada en el lugar de siempre, esperando vuestra visita. Aquí estoy con una palabra que llega con retraso. Lucas deja una palabra que pide un hueco aquí: PERDÓN. Hoy todos nuestros perdones en el sofá.


¿Quién no ha pedido perdón alguna vez? De una forma u otra todos, en algún momento, pedimos perdón. De la misma forma que todos necesitamos algún día un perdón para seguir adelante. ¿Quién no ha necesitado una absolución? De la misma forma que el error es humano, el perdón también lo es. Muchas veces necesitamos perdonarnos a nosotros mismos, y se vuelve más difícil que perdonar a los demás. A veces necesitamos más nuestro propio perdón que el que llega desde fuera. El perdón sólo existe cuando es sentido, cuando va acompañado del olvido y de las ganas de volver al punto antes de la ofensa. El rencor impide que el perdón sea auténtico y al final, se queda como parche. Sólo el perdón se vuelve verdadero cuando llega con ansias de limpiar. Hay una prueba inequívoca para testar si el perdón es verídico, cuando la confianza se recupera y, cuando quién perdona y quién es perdonado sienten alivio por verse de nuevo frente a frente sin nada que aclarar.
Hay una lista de palabras que sigue esperando más de las vuestras...

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