Hace meses traje hasta aquí una historia real, así llevaba por título, comentarios y visitas se acumularon en el sofá. ¿Nos gusta lo real?¿o es que lo real siempre supera lo ficticio? Sea como sea, la vida tiene ese punto mágico que nos atrae. Eso que la hace vida con todas las letras.
"Un encuentro codo a codo con cristales de por medio"
"Esto es la vida misma. La vida termina haciendo que te encuentres con aquello que dejaste abierto una y otra vez hasta que lo cierres para bien o para mal. Así es" (dice una observadora)
"Líneas paralelas... que se bifurcan. Quién sabe si volverán a cruzarse"
Hace unas semanas os traía un post sobre sueños e inconsciente.(AQUI el post completo) De cómo las cosas ocurren cuando deben hacerlo, ni antes ni después, sino en el momento que deben hacerlo, aunque a veces nos resulte difícil de identificar el porqué. Destino, casualidad, azar, causalidad, karma... cada uno lo designa con una palabra. Las cosas y los momentos. Y ahí, un sueño me lleva a una llamada.
"El inconsciente salió a relucir, quizás sabiendo todo lo que sé y sabiendo todo lo que ella ni sospechaba""Y te volví a soñar... y la llamé".
¿Qué relación hay entre un encuentro codo a codo con cristales de por medio y un sueño que provoca una llamada? Cientos de veces con el teléfono descolgado, sin marcar, y con la duda ahogándome: mantener la promesa del secreto; o darle la oportunidad a ella de que pueda despedirse de alguna forma, de ese arquitecto de lados de incorrectos ahora que nos dicen que esto se termina. Un sueño me lleva a la llamada que llevaba tiempo barajando. Despierto del sueño y la llamo, supe que aquel día era "el día". La llamada me remueve todos los cimientos, cava hondo dentro de mi. Me quedo digiriendo lo escuchado y lo sentido. Y es cuando siento que es el momento de escribir una carta. Una carta que pensaba que algún día escribiría pero no tenía fecha; en la que poder contar todo lo agolpado dentro de mi en estos últimos meses para los que sólo hay un adjetivo: intensos. Entonces, comencé a escribir sin parar renglones y renglones, varios folios en los que me quedé desnuda. Apareció la niña y la mujer; los miedos, las ganas, las ilusiones, las verdades ocultas por la vergüenza de que nos encuentren débiles. El perdón y las gracias. Con el tiempo uno entiende que todo ocurre por alguna razón. A veces, para sentirse liberado tan sólo es necesario dejarse llevar por ese que late sin parar para mantenernos vivos. Así me sentí al terminar. Así me dormí.
Quince de Noviembre, primera hora de la mañana, un amable cartero me sonríe al preguntarle cuándo llegará la carta. Ésta partiría y su destinatario podría hacer con ella lo que desease: leerla hasta el final o parar en cualquiera de los puntos. Olvidarla en un cajón. No esperaba respuesta, tan sólo que le llegase, que pudiese saber todo lo que trajo su partida. Pero la respuesta llegó sin ser esperada, a veces una imagen en silencio puede contener todas las repuestas. Esa misma tarde el destinatario y yo volveríamos a encontrarnos, de nuevo con cristales de por medio. Miro a la izquierda, le veo. Tras todos esos meses sin ningún tipo de contacto, sin saber nada uno del otro. Mira a la derecha, me ve. Sonreímos, nos saludamos. No, tanta ¿casualidad? (cada uno que ponga la palabra que crea más adecuada) no puede ser posible. El sueño me lleva a una llamada. La llamada me lleva a una carta. La carta me lleva a un encuentro. Historias que hacen de esta vida algo auténtico. Historias para ser vividas. (o de cómo a la vida le gusta jugar al escondite).
¿Casualidad?Pongan su palabra y, como siempre, sus comentarios...
¿qué se ha quedado por tu mente?



