Decía que era uno de los deseos-proyectos de este 2013. Prometí que venía con todas las ganas y le mire a los ojos para decirle que él y yo estábamos aquí para ser mucho más que dos. Septiembre y yo teníamos pendiente una reconciliación, y en su último día tengo que decir que lo hemos conseguido.
Me despedí del verano en el que sería el último día de playa en versión verano. Adiós al sol en la piel, a las arenas en el coche, al olor a protección solar, al matrimonio gorro de paja y libro, a los pies en la arena... Pero no hay adiós a la playa porque ésta nunca tiene "último día".
Celebramos cumpleaños y más cumpleaños. Me convertí en repostera en varios momentos para crear tartas llenas de buenos deseos para mis mejores invitados. Se lo tenían merecido. ¡¡Muuuchas felicidades!!
Tiempo de uvas recién cortadas y de agendas personalizadas para comenzar nuevo curso, sea o no escolar, lleno de color. 
Me pinté los labios con un nuevo rojo y cogí lápiz para marcar el catálogo Ikea para 2014. Mi hábitat y yo decidimos pequeños cambios para un nuevo look. Muchos pequeños cambios en movimiento hacen los grandes cambios.
Viejos jerseys encontrados en el armario que me evocan, de repente, los recuerdos de un viaje a Estocolmo en un otoño de hace unos años. Me recuerda también las muchas ganas que tengo de volver a esa ciudad. Hay nuevas plantas en el salón para celebrar este otoño recién estrenado que me está gustando mucho, mucho. Una antesala así me deja con calma e ilusión a partes iguales preparada para la aventura que traerá Octubre. Un brindis por los Septiembres bonitos.
Feliz semana!